
Si de verdad fuéramos inteligentes, no haríamos daño.
Si de verdad fuéramos inteligentes, sobrarían los policías y las cárceles. Y cada uno sería el propio juez de sus actos.
Si de verdad fuéramos inteligentes, resolveríamos, de una vez, los viejos pleitos que la humanidad, viene arrastrando desde la noche de los tiempos.
Si de verdad fuéramos inteligentes, tú no estarías parado, ni tú estarías en una cárcel, ni tú te sentirías triste y derrotado.
El nuestro no es un problema de corazón, sino de cabeza. A veces me dan ataques de cordura y digo cosas sensatas, cuerdas e inteligentes, un poquito, pero…
Lo dijo Shakespeare por boca de Macbeth: “La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa”. Y es verdad que la vida es un cuento, lleno de ruido y de furia, que nada significa. Sobre todo, cuando lo cuentan los idiotas, los ruidosos, los furiosos, los resentidos, los mediocres, los enemigos de la vida. Los que ni viven ni dejan vivir, los que todo lo ensucian, lo complican, lo tasan, lo manipulan. Los que se empeñan cada día en hacernos la vida imposible. Pero la vida es otra cosa más grande y más auténtica, cuando no es un idiota el que la cuenta, ni el que la organiza.
Y tú no dejes de hacer las cosas que deseas por miedo al fracaso. Fracasar no es no alcanzar la meta. Fracasar es no intentarlo. El mayor y el único fracaso está en no empezar. Haz lo que te propongas, y llega hasta donde puedas. Ese es tu triunfo. Poner voluntad en el empeño. Conseguirlo o no, es lo de menos. Lo que cuenta es luchar.
Lo que dijo Don Antonio: “Hacer camino al andar”
Jesús Quintero en el programa “El loco soy yo” el 15 de enero de 2.012.
“Si estar loco, significa vivir como si importara, entonces, no me importa que estemos locos de atar”, es lo que dice una mujer a su marido, al proponerle que sea ella la que trabaje, mientras él encuentra el modo de hacer lo que le permita realizarse, más allá de una vida rutinaria y gris. Por el contrario, Elena, consigue la hilaridad de un grupo de indeseables, alardeando de que ha conseguido vivir de sus padres, hasta que lo ha hecho de los hijos, a cuenta de divorciarse de un padre, que ya no lo será, por no ser custodio. El problema no es el amor, es el amar.
Los procesos dinámicos son el resultado de las tensiones entre fuerzas contrapuestas, que van encontrando el modo de sobrevivir y prevalecer periódicamente. Y si bien la ciencia y la tecnología no deben perderse en el olvido, sin duda la superproducción, fue el comienzo de un sinfín de pantomimas, farsas y enredos, que han desembocado en el desempleo y el deterioro de la calidad de vida, y de la renovación generacional, en favor de crisis, sobrevenidas por aprendizajes reivindicativos en vacío, en vez de por conocimientos distributivos, que permitan la aceptación de las asignaciones de bienes y servicios, reparto de tareas y estructuración grupal.
Una gran sociedad no es dañada desde fuera, hasta que se ha destruido a si misma desde dentro. Y no nos engañemos, sembrar la discordia entre los muchos no es prevenir los daños, es multiplicarlos.
