Opiniones

Gonzalo Villa

Bandera blanca Contra la reforma laboral, los EREs,  se corean eslóganes y cantos como los siguientes: "La solución, revolución". "Si esto no se arregla, leña, leña, leña, o guerra, guerra, guerra". "Obrero parado, o despedido, patrón colgado". "Los borbones, a los tiburones". "Hay que matar al patrón, ya lo decía mi padre, que es la forma más barata de tener empleo estable". "Cospedal, marrana, recorta las sotanas". "El patrón sólo entiende este leguaje: boicot, huelga y sabotaje". "Esto no es una reforma, es un derribo", "Pueblo manso, buen esclavo", "Recortes en sanidad, crimen legal", Guantánamo laboral, no" y "Pueblos de Europa, ¡levantaos!".

Los empleados de Roca, mencionan que después de 35 años, con 57, no es considerado un despido. Los de Telemadrid, otros argumentos similares. Y así todos los afectados por los recortes.
Pero pienso que una persona debe estar agradecida de que alguien le ofrezca la oportunidad de trabajar y obtener un salario, ya que por sí misma no puede.

Pienso que efectivamente las personas son iguales y que lo que consiguen depende de su actitud y de su esfuerzo. Y sí, de los esfuerzos o dejadeces ajenas. Por lo que quién se sienta agraviado, que empiece a tomar lecciones que le permitan ser patrón, si es que consideran que les va mejor.
Pienso que casi todos los que ahora buscan argumentos para reclamar, justicia o participación, eran los que miraban hacia otro lado cuando sabían de las injusticias que asolaban a personas inocentes, y disfrutaban de los privilegios que costaban las penurias a otros.

Gentes que nunca quisieron saber cuál era el todo consumible o atendible, para establecer un reparto solidario. Que ni sabían eso de que “trata, como quieres que te traten”. Que jamás se tomaron en serio la carta de San Pablo a los corintios. Que no atendían a razones o simplemente cogían lo que no les pertenecía, hicieron muchas veces leña del árbol caído o pescaron a río revuelto.

Vamos, que fueron indolentes con los que antes estaban como ellos ahora. Eso si no se carcajeaban o se burlaban.

Quiero recordar, por último, el episodio del Lazarillo de Tormes y el racimo de uvas.

-Agora quiero yo usar contigo de una libertad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partirlo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego del segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como ví que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.

-No comí -dije yo-;mas, ¿por qué sospecháis eso?... Respondió el sagacísimo ciego:

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.

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