
Realismo mágico ¡Cómo están las cabezas!
Primera estación.- La mejor justicia es aquella en la que juez y reo intercambian sus posiciones, y que compartan sentencia.
Cuando veo acaudillar reinos de taifas, con proclamas autárquicas, no dejo de pensar en lociones antiparasitarias, en la sarna y en la lepra… y en los piojos.
Segunda estación.- Mi mujer me pega, me pega mucho. Y anda con malas compañías. Mis hijas no son mis hijas. Son malas personas, consumidas por la ordinariez, la barbarie y la haraganería.
Ayer llegué a casa, y mi mujer estaba apretando los dientes acompañada. El otro ser, ni se escondió en el armario ni nada, se levantó y me sascudió dos castañas que me puso a bailar. Tras lo cual me tiró por la ventana con la ayuda del amor de mi vida. Y eso que no lo había hecho nunca… que yo supiera. Fui al cuartel a presentar la denuncia y salió una que me arreó otro par de hostias, poniéndome varias muelas a bailar el trikitriki. Llamé al 016 y se negaron a atenderme. Y al 112 y lo mismo. No te rías.
Tercera estación.- Después de los atentados en Bruselas se apela a la unidad.
La unidad a cabezas acostumbradas a la separación, el divorcio caprichoso y saqueador, el separatismo, el robo de cientos de miles de hijos, impune y alentado descaradamente, para quedar en las garras de seres muchísimo peores que aquellos de quienes se les aparta.
Cuarta estación.- Oigo decir a una mujer, que se había divorciado de su marido porque estaba insoportable, al perder el empleo, y no toleraba que ella fuera la que traía el sueldo a casa, y pienso, ¡mala persona! Y los que te lo han facilitado son peores que tú. ¿O es que te largaste y le dejaste con sus hijos, en la casa y con una buena pensión?
A menudo a quien se alienta a denunciar, son agresoras y maltratadoras de quienes se tienen que defender las verdaderas víctimas. Y cada vez más.
Quinta estación.- ¿Te imaginas que los candidatos políticos, tuvieran que aportar capacidad de crear empleo con sus propias empresas, que saben hacer con todas las garantías, avales de empresarios y propietarios de medios de producción? Se acabarían los partidos que mandados y de mandamases.
Sexta estación.- Mi mujer me quiere más que a sus otros maridos, porque soy más romántico. Es encantadora, trabaja tanto, que se ha podido permitir tener tres padres y cuatro hijos. Alguno de sus padres ha conseguido tener tres madres. Y todos somos una gran familia. Como el hijo de Superman, que es amado por cada uno de sus padres.
Claro, forma parte de mi vida desde hace veinte años, y está ahí cuando se la necesita, sigue dándose a los demás y eso siempre es digno de admiración.
Séptima estación.- Sancionar el destape en las procesiones, pretender sancionar con destape en las aulas. Un inspector pregunta a un granjero, qué da de comer a sus cerdos, y cuando dice sobras, lo sanciona por maltrato animal, y cuando dice manjares, lo sanciona por contribuir al hambre en el mundo. A la tercera, le dice: -yo les doy 100 euros a cada uno y se compran lo que quieren- Y le sancionaron por evadir el impuesto de donaciones.
Octava estación.- Hay que ver cómo se contagian las artes escénicas. Igual que en un escenario, finges tu dolor barato. Tu drama no es necesario, ya conozco ese teatro. Mintiendo, que bien te queda el papel, después de todo parece, que es tu forma de ser. Falsedad bien ensayada, estudiado simulacro. Perdona que no te crea, me parece que es teatro.
Novena estación.- Es sabido que entre los cultivos crecen las malas hierbas, la cizaña. Incluso los cisnones crecen cuando no se vuelven a sembrar patatas en la finca del año pasado. Lo que procede es arrancarlos de raíz, para que no quiten nutrientes a las patatas, una y otra vez.
Décima estación.- Despojar de parcialidad, arbitrariedad, influencia, corrupción, conveniencia, tentación y demás circunstancias que pervierten a quien se dio autoridad.
Undécima estación.- Yo también estoy como vaca sin cencerro. Pero a mi edad, es, es más normal. Por eso quiero vivir aquí en el pueblo. Cuando a los hombres nos deja la esposa, porque se ha muerto, o se ha ido con otro –que para el caso es igual-, nosotros debemos volver al lugar donde nacimos. Visitar la ermita del santo; tomar el fresco con los vecinos, rezar las novenas con ellos; aunque no seas creyente. Porque si no, nos perdemos por ahí como vacas sin cencerro.
Duodécima estación.- Es curioso, en Kung Fu Panda 2 se recrea la historia de Herodes, eso de matar a todos los osos panda, porque una vieja cabra ha pronosticado que un oso panda acabará con el pavo real. ¿No es para que cualquier oso panda la hubiera hecho en caldereta?
Décimo tercera estación.- Un bautizo. A la salida de la iglesia, el padrino arroja monedas al suelo, y los niños y niñas se afanan en cogerlas. Y alguna vieja también.
Son las fiestas del pueblo, el mayo con el jamón en lo alto, el cerdo embadurnado de grasa, el barreño en que coger las monedas con la boca. Todo es felicidad, año tras año. Como alguien venga con alguna proclama de humillación, vamos todos al pilón de cabeza. Ellos y nosotras.
Décimo cuarta estación.- Si al tirarlo al abismo, vuela, es un brujo y hay que quemarlo en la hoguera. Si no, no lo era, y que Dios lo tenga en su gloria. El siguiente.
Décimo quinta estación.- El encuentro entre la hija y su padre, pone fin al calvario de una sentencia injusta de parricidio. El padre eterno va a llegar, como el milenarismo.
