Opiniones

Gonzalo Villa

El Olimpo de los dioses


El mayor genocidio del siglo XXI, y de la humanidad.
Cada vez que se priva a la población evolucionada de sus hijos, se perpetúa la tiranía de la esclavitud.
Al ver a una señorita de segundas, gruñir que ella está sola en el mundo, y que sólo tiene al hijo que le tuvo que entregar un cirujano, del que se ha divorciado, por supuesto, cabe observar que ese niño es distinto y peor del que sería criado por su padre. Y no solo con una formación y educación mucho peor, sino con mayor virulencia, desórdenes mentales, y reacciones egoístas y despóticas, las que se ve obligado a mamar de quien le retiene con argucias infumables.
Que esgriman como verdad incuestionable su derecho a recibir pensiones y cualquier beneficio sin contraprestación, pone en evidencia su falta de integridad y su desfachatez.
¿O es que los padres no saben gastar su dinero?, o peor aún, ¿que las parejas que les reserva el destino en su infinita parcialidad y arbitrariedad, sesgo, opciones imposibles y casualidades preseleccionadas por interventores encubiertos, les aventajan en bondades para con las criaturas?
¿Cómo es posible que con menor capacidad de procurar alimentos, se les prefiera en las leyes, y con el agravante de que puedan apartar a quien les aventaja en todo?
Probado es el incremento de degenerados y sociópatas desde la implantación del divorcio sin causa, y más aún desde que lo hizo la normativa relativa a la violencia de género, multiplicando las farsas, injerencias corruptas, intromisiones de indeseables y maquinaciones torticeras de depravados con  orígenes vinculados a colocaciones y deudas comprometedoras.
Baste proponer invertir la norma, y que se instaure la normativa que prefiera el padre a la madre. El nuevo orden evolutivo y social, aventajará de tal modo al actual, que todo tiempo pasado pasará a representarse en los teatros clásicos, junto con las obras de Shakespeare.
Niños y niñas escuchando la terminología científica de quienes irradian largos años de templanza y aprendizaje atento, frente a monsergas plagadas de incoherencias, conclusiones fruto de la ociosidad, cuando no del egocentrismo, y ñoñerías aturdidoras que solo encierran retahílas que instalan el caos, la desorientación, el extravío y en suma la pérdida de las capacidades para hallar soluciones civilizadas, que tengan en consideración todos los factores intervinientes.
No es extraño que una profesora gane unos 400 euros mensuales en algunas partes del mundo. Lo que se merecen por su ridícula soberbia, mientras son instrumento de la represión de millones de personas, a las que por supuesto se les impide recibir instrucción alternativa, que les convierta en merecedores de la parte alícuota del PIB.
El ver al intermediario, preso en su opulencia material, al que puede ofrecerse la seductora agente libre, y lograr acomodo dilapidador a su lado, sin que en ningún caso quepa procrear, que interfiera en la labor encomendada, muestra que muchos son los nacidos, pero pocos los elegidos, para servir.

 

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