Opiniones

Gonzalo Villa

La campanada

Tú también, Bruto, hijo mío. Dijo Julio César, cuando estaba siendo traicionado por numerosos miembros del Senado, que hendían sus puñales en la espalda del emperador.
Agatha Christie abundó en este asunto de que numerosas personas clavaran sus puñales en la misma víctima propiciatoria en Asesinato en el Oriente Express. Aunque fuera el mismo.
Pero el conocimiento tiende a incorporar variantes, y esto de concitarse para hacer daño, revistiéndose de solemnidades y autoridades, una y otra vez no es más que la recaída en la sempiterna traición, a falta de inteligencia.
Esto de que las normas sean interpretables, lo único que garantiza es la traición y el sometimiento al imperio de la endogamia.
132 votos a favor de la ley de conservación de la ignorancia, y 107 en contra de la traición.
Y Verónica Pérez, un ser de cuya existencia cabían dudas más que razonables, se presentó como Tejero en el Congreso. Y dijo eso de que ella era la máxima autoridad del partido en aquel momento, les guste o no, que sonó como: ¡Quieto todo el mundo! Como se había depilado el bigote, no parecía.
Y ahora  Lady Macbeth, arengando para asesinar al rey, y terminan asesinando a todo bicho viviente, mujeres y niños incluidos. Aprovechándose de que son amigos, o civilizados. Desprevenidos. Las brujas dijeron que era necesario.
Con castañas en la falda, la mujer de un navegante
masticaba y masticaba. «Dame», le digo.
«¡Atrás, so bruja!», grita la sucia culona.
Su marido se fue a Alepo, capitán del Tigre.
Navegaré en un cedazo
y, como rata sin rabo,
yo gozaré y gozaré.
Ya estamos a las puertas del templo de Irmisul. De nuevo los comportamientos traidores, amenazan las vidas de inocentes, Norma hace equilibrios en los hilos invisibles de la luna, tentada con degollar a los hijos que tuvo con Pollione, un macho estándar del discurso feminista, en pos de Adalgisa. Esta no los mató.
Pero Medea, sí. En ese momento era la única autoridad que existía, y se cargó a Glauca, a su padre, Creonte, el rey de los corintios, y a sus dos hijos, que Medea tuvo con Jasón. Ya antes había tenidos experiencia en esto de las traiciones. Natural. Las inercias son más poderosas que el convencimiento, tan pasajero y volátil.
Y hubo tanto ruido, que al final llegó el final. Eso parece. Pero un nuevo día brillará.
En el bruto, de Luis Buñuel. Don Andrés quiere botar a los inquilinos, para lo que tira de Pedro, a quien ha criado como a un hijo, desde que nació de la criada de la casa, un forzudo agradecido, que tras dar un golpe al más juicioso de la comuna, sin querer lo manda con su tocayo. La joven esposa del viejo, Paloma, seduce al bruto, que se ve obligao, pero éste se enamora de la hija del fallecido. Con lo que la esposa se rebota, y mintiendo al viejo, le azuza contra el bruto, que defendiéndose le escacha el cráneo. Y al final él mismo es abatido. Claro que con la muerte del viejo, los inquilinos pueden seguir en las casas.
Moraleja: Así mil millones de años pasen, el guiar el rebaño, será a lo más a lo que llegarán, quienes gestionan la traición y la ingratitud, materia prima inagotable, junto con la endogamia, que no atiende a razones… transparentes.

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