Opiniones

Gonzalo Villa

Miguel Servet

Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, o puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo. Abraham Lincoln (1809-1865).

Es preciso coleccionar las piedras que nos lanzan. Son el principio de un pedestal. Hector Berlioz (1803-1869).

A mis padres y a todos los limpios de espíritu, siempre una minoría, que a lo largo de la historia han arruinado su vida por una causa noble y, muy especialmente, a Miguel Servet, por ser un español nacido en Aragón, indómito, rebelde e inteligente; estrella fugaz en un firmamento que siglo tras siglo ha empujado al ser humano a la desesperación y al desconsuelo.

(Miguel Servet, soplo efímero de libertad. Sergio Baches Opi. Salvador Trallero Editor. Un gran libro para estas navidades, y para la eternidad).

Servet busca contrarrestar el pensamiento mediocre que contamina casi todas las esferas de esta sociedad inconsciente que no erradica la aparición de delincuentes entre sus vecinas.

Vale la pena defender pacíficamente aquellas ideas y proyectos que en conciencia uno considera justos y razonables, y no renunciar a ellos a cambio de un “plato de lentejas”. Y desde luego castigar con ejemplaridad a quienes son injustas y exterminadores.

Lo verdaderamente triste en la conducta de las personas es su genuflexión ante esa maquinaria despiadada que crea hombres y mujeres sin capacidad de discernir entre el bien y el mal, y de hacerlo, verse arrastrados inexorablemente hacia lo segundo.

Aún cuando todo parezca perdido y nos hallemos en un cuarto oscuro en el no encontramos la salida, siempre hay que buscar esa grieta por donde se filtra la luz que nos permite desafiar y vencer diariamente a las tinieblas en nuestro camino hacia la plenitud. Y sobre todo que hagamos aliados.

Respeto y tolerancia ante la dictadura de la corrupción, el amiguismo y el contubernio que algunos tratan de imponer en la sociedad actual y que sumerge a muchos en una actitud y un silencio cómplice y culpable.

La memoria de tantos hijos arrastrados al desequilibrio emocional y el fracaso vital, y el recuerdo de lo que pudieron ser en compañía de su padre y semejantes, es un grito reivindicativo, que en su caminar, se implica en contra de la intolerancia y el radicalismo, que no cesan de extenderse cada día a nuestro alrededor, a causa de azuzar el parasitismo y la desavenencia.

Matar a un hombre, para defender una doctrina, no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Sebastián Castellio hacia 1553.

Matar a un padre, para defender a maltratadoras y asesinos, amparándolos con teorías sobre la violencia de género, no es proteger a las mujeres, es convertir a algunas en cómplices y culpables.

No tendré tiempo suficiente en toda mi vida para agradecer el respeto, cariño y amor demostrado, al padre y maestro que me dio la vida. Que todos los niños pequeños y grandes, tengan la oportunidad de poder decir esta frase estos meses de Diciembre y Enero.

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