
Camino a la escuela
Cuatro historias reales que nos sumergen en la cotidianidad sin igual de cuatro niños de entre 11 y 13 años, cuatro héroes ávidos de saber, que afrontan diariamente una multitud de desafíos, protagonizando verdaderas proezas para poder tener acceso a una educación y aspirar a una vida mejor y más plena.
Jackson recorre cada mañana con su hermana Salomé de seis los 15 km que le separan de su escuela en Kenia. Nada más y nada menos que dos horas de carrera, a través de tierras peligrosas rodeadas de elefantes y otros animales salvajes.
Carlitos desde los 6 años va a caballo cada día con su hermana menor Micaela, recorriendo 18 km, desde su hogar en los Andes, al colegio.
Zahira recorre más de 22 km para llegar desde su pueblo situado en el Atlas a la escuela internado, donde reside hasta el viernes, junto con sus dos amigas Zineb y Noura.
Samuel, es llevado en silla de ruedas por sus dos hermanos menores durante 4 km para que éste pueda asistir a clase, en la India.
Qué distinto, de tantísimas niñas y niños, españoles, que se precipitan a la haraganería, renegando del colegio, y del instituto si es que no han cumplido 16 años antes, en consonancia con los hábitos y conversaciones de quienes les mantienen lejos de una vida mejor y más plena.
Niñas que nunca han tenido la sonrisa de Zahira, porque han sido apartadas de todo sueño de progreso y libertad, sometiéndoles a la tortura de amargadas, déspotas y tipos de esos que afirman sin rubor, que la ley dice que hay personas que pueden robar niñas, extorsionar a los padres, y perseguir al estilo de los genocidas que en el mundo han sido.
Si extrapolamos esta realidad, no es extraño que los territorios en los que se dan estas costumbres, sean tierras peligrosas rodeadas de autores materiales de asesinatos, instigadores de apropiaciones indebidas, incluso a través de instituciones públicas y otros indeseables salvajes, cuya seña de identidad es ser parte de inacabables problemas y nunca de la solución de nada.
Fundamentan la política en allegar a toda suerte de gente sin alma, que pierde la calma…, y que no se atiene a razones, ni a la mínima justicia, y ya no digo igualdad o respeto, la mayoría no recuerda haber ido a la escuela, y si sale el tema, profieren exabruptos y juramentos, que de no ser coreados, pondrían de manifiesto la existencia de infiltrados en el grupo.
Cierto es que los enrevesados vericuetos, las tramas ocultas protegidas con la ley del silencio y las pruebas para disuadir de traiciones, espantan a advenedizas e invasoras plagas, pero desaparecido el aglutinante de todos esos trapos sucios, eso ya no hay quien lo pare.
Esto que ha hecho Pedro Sánchez con Tomás Gómez, pone de manifiesto, que el partido no cuenta como en Andalucía, con las deudas de sangre que limpien toda la mierda, como quedará limpiada la de Bárcenas o la de Puyol, y que dependen de terceros que pueden encontrar el modo publicable de avergonzar electoralmente.
Ahora bien, esto pasa porque se está extendiendo el deterioro de la enseñanza general básica, y se está fiando a la corrupción y la barbarie, la lealtad y el reparto de botines de guerras, tan exiguos, y a la baja, que de donde se quita y no se pon, pronto se llega al hondón.
La solución está camino de la escuela, en la que se aprende mucho y bien, si en el colegio está el nepotismo o el amiguismo, y no va a remediar el deterioro hogareño, la fiera no murió.
