
Victoria pírrica
Si son capaces de venir desde Chennai, al sur de la India, tres hermanas misioneras indias de veintipocos años, a hacerse cargo de una residencia de veintiún ancianos, con la felicidad en sus caras, y con la vocación de permanencia indeterminada, es que el desempleo tiene mucho de pantomima y poco de calamidad infrahumana.
Es natural que los prescindibles, sin cualificación ni intención de tenerla, se vuelvan codiciosos, y lleguen a albergar en su corazón el deseo de apropiarse de lo que no merecen. Eso forma parte del juego social, y mientras sirvan bien a sus amos, se puede consentir. Pero cuando meten los hocicos en las alcuzas que no deben, se hace necesaria la intervención de las empresas de desparasitación, con métodos como la crisis, la guerra o la deslocalización.
Se desconocen las bondades de la lealtad, la inconveniencia de la traición y las consecuencias dela falta de organización, anticipación, previsión y cumplimento de los deberes encomendados, en relación con la colectividad. Claro que no es raro, desde que se ocultan a personajes como Judas, Medea, Saturno o Edipo, el basilisco, el cancerbero, arcontes o contempladores.
Sin embargo se gusta de enredar con los términos charnego, gabacho, chovinismo, que en mi candidez angelical, me parecían de un estilo a chambergo, gabán o pelliza, o sea, anacronismos, que salvo usos teatrales o de profesionales de la costura, no tenían utilidad ninguna en favor del progreso. Pues a ver a qué viene considerar al inmigrante sospechoso, cuando es más que sabido que viajar por el mundo hace a las personas mejores.
Los proclamadores nacionalistas tienen temática conocida, y a pesar de sus recientes victorias electorales y previsiones de mejora, serán pírricas, en tanto que se cimentan en la deslealtad y la traición, como ya han dejado patente en alianzas contra natura.
Pienso en la iglesia de Aguilar de Alfambra, en el Monasterio del Desierto de Calanda. En Peralta de la Sal, donde los escolapios han mantenido en píe edificios majestuosos, a los que dar un uso social, y ofrecer una alternativa laboral a personas con carismas, que no dudan en cambiar de domicilio, llevadas de sentimientos de lealtad, servicio y solidaridad, aunque sea con un poco de expectativas de oportunismo y ambición.
Es tiempo de contar con obras, de esas que son amores, y no buenas razones, que bien pueden ser silogismos y combinaciones de palabros, sin más proyección que sacar tajada, de una caldereta, que cada vez se llena menos, por falta de rebaños y pastores.
Y pienso que, sin menoscabar la investigación y desarrollo, bien podríamos vivir rehabilitando todos estos grandes monumentos, en vez de estar parados indagando maldades. Y que de igual modo que funcionan Santa María de la Huerta o Silos, puede hacerlo el Monasterio del Desierto de Calanda o Aguilar de Alfambra, dos enclaves a los que no faltarían clientes, que no estuvieran desescolarizados, que tuvieran tarea cualificada, y que agradecerían un retiro de uno o dos meses, bien agusto.
Solo hay que divulgar los carismas, pues las personas creemos cualquier cosa, y siendo así, es mejor creer para construir, y menos para aprovecharse mediante conflictos y abusos para coger de lo que está a mano y sin protección. Y viviremos mejor, y quien venga detrás se encontrará un mundo mejor, con las estructuras que les ayuden a no escacharrarlo todo de nuevo, con victorias con más daños para todos, vencedores y vencidos, que ya tiene guasa.
