Opiniones

Gonzalo Villa. Acción caritativa

  Los carmelitas no se limitaban a su vida encerrada en el convento, tratando únicamente de su perfección personal. Ellos sabían que su Orden Carmelita era una Orden que arranca de la vida de contemplación, pero que debe después dar lo contemplado a los demás. Vivir el apostolado, seguir la obra que inició Jesucristo y nos dejó a nosotros como continuadores de su obra. Después de esto sufrieron un golpe mortal, una persecución solapada. (Extraído de Cuatro siglos del Carmen en Alcañiz de Rafael María López Melús)

Nada permanece eternamente, cuando puede ser asaltado y se concitan las iniciativas para derrocar, suplantar, usurpar o quitar de la manera que sea. En el mismo Castillo de la concordia se ven las cicatrices de quítame eso de ahí, al igual que en la Lonja, donde se hicieron cortes por lo sano. En alguna ocasión se ha dicho que el Palacio de Carlos V enclavado en la Alambra es una operación de este estilo. Aparte de en los edificios o construcciones, sucede lo mismo respecto a las personas, sobre las cuales, puede ser ya costumbre desplegar asechanzas o meros chismorreos que alboroten a los que se creen todo lo que oyen, según su entramado subjetivo de credibilidad.

Surgen los antagonistas, en el mismo momento que se difunde una iniciativa. Y hasta es sabido que es característica patria lo de intentar desbaratar el logro del vecino, en vez de colaborar para obtener el jamón y merendarlo juntos, como en las cucañas. Sabida es la envidia malsana y lo del perro del hortelano, que ni come ni deja comer al amo.

Y así las malas acciones encuentran cómplices, con más frecuencia que las nobles o filantrópicas. Y de debajo de las piedras, sale una bestia resentida insatisfecha, tratando maltratar a un inocente o a un ciento o hasta el infinito y más allá, para compensar el revés sufrido de un culpable, y aún ni eso. Lejos queda aquello de “Roma no paga a traidores”, y puede ser tiempo de volver por los viejos fueros.

Es “vox populi” lo del holocausto, los caídos, las víctimas de atentados armados, las masacres, pero se sigue ignorando a las víctimas que llevadas del escrupuloso cumplimiento del deber, comprometido con respeto al derecho sin discriminaciones, se ven acosados, torturados, y a menudo privados de la vida, en circunstancias que repugnarían al mismo Belcebú..
En Alcuino de York (735-804), Epistolae, 166, la frase reza: Nec audiendi qui solent dicere, Vox populi, vox Dei, quum tumultuositas vulgi semper insaniae proxima sit. Que se traduce como: Y no debería escucharse a los que acostumbran a decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura.

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