Con el fin de corregir los efectos perniciosos que ha propiciado la regulación de la convivencia entre individuos que se heredan unos a otros, que azuzaba los instintos más bajos, especialmente el parasitismo y la consiguiente violencia, se establecen los siguientes principios inspiradores:
En caso de desavenencias, perderá la convivencia con los hijos la persona que menos estudios y formación tenga. Ello fruto de la certidumbre de que la perdida de hábitos de estudios y el consiguiente embrutecimiento es el que empuja a las agresiones y asechanzas. Se exigirán 1.000 horas de formación anual para poder pleitear en razón de divorcio o cualquier otro tipo de asalto o estafa. Con ello se generan puestos de trabajo de formadores y no de picapleitos y desaforadas.
No se aceptará en ningún caso convivencia exclusiva y excluyente con los hijos para quien promueva el divorcio. Se entiende que las causas susceptibles de proceso penal ya conducen a la persona culpable a reclusión y alejamiento de las víctimas.
Son causas admisibles para entablar demanda de divorcio: Agresiones físicas; vocerío o alboroto que impida el descanso y la tranquilidad; la apropiación del patrimonio ajeno, o su gasto sin autorización; el negarse a desplazarse con el cónyuge, pretendiendo impedir la convivencia con los hijos, o malmeter deteriorando la convivencia con el cónyuge que ha de obtener unos ingresos mayores para la familia.
El negarse a trabajar o a aportar a los gastos familiares, cuando ello no suponga desatención de las personas a cargo, en lo que de faltar supondría, retraso, subdesarrollo, trastorno o peligro para su integridad física o equilibrio mental.
En todo caso se denegará el divorcio a quien tenga manifiestos trastornos parásitos que le conduzcan a reclamar lo que no ha obtenido en su condición de soltera. Y del hogar pasará a reclusión, con otras personas de su condición conflictiva y belicosa.
Producida la ruptura de relaciones, los derechos hereditarios pasarán al Instituto de la Familia, que habrá de destinarlos a familias con reconocido prestigio y no menos de 15 años de convivencia efectiva, por orden de antigüedad, y sin que quepa asignación mayor a familias con menos años de convivencia armónica, racional y equilibrada.
El mamar se va a acabar, en vez de crear pellejos y sacamantecas, se incluirá en el tejido social a formadores, estudiantes y personas activas y sanas.
Se aconseja el libro: Qué difícil es quererte. Conservar la calma con gente difícil. Bill Klatte & Kate Thompson. Plataforma Editorial. 2009
