Y notó en sus venas el impulso de la sangre, la misma que había circulado por las del templario, la que ahora latía en el corazón de su hijo. Y quién sabe durante cuanto tiempo, lo seguiría haciendo en sus descendientes, a través de los siglos venideros. Un sentimiento de continuidad le reconfortó, como pocas cosas lograban hacerlo. Una impresión de perpetuidad por encima de la muerte, le arrancó de las entrañas cierta sensación de felicidad, y una excitación incontenible, le recordó que formaba parte del flujo de la vida, que ni había empezado con él, ni se extinguiría cuando hubiera dejado de existir. (Extraído de El corazón de las rocas de Luís Guijarro Miravete)
La solución es posible. Se perpetúan las personas en las realizaciones que han de servir de referencia para quienes llegarán después. La sangre, en cuanto a legado, se encuentra mejor conseguida en un pueblo para vivir mejor que los antepasados, donde todo empuje a ennoblecerse, con la belleza y la sabiduría, capaz de edificar casas y montar fábricas, estructurar el trabajo de todos y distribuir la riqueza generada, para el consumo interno y para el excedente con el que realizar el intercambio con otros colectivos.
Mejor es esto que encerrarse en la progenie, tan expuesta a ser descarriada por descolgados de la cultura y de la participación responsable y cooperativa. Que el tiempo no se le pase a nadie haraganeando, pues se puede estar desempleado, pero no parado. Hay tanto por aprender y tan útil, y tanto que hacer, que toda inquietud constructiva o formativa, ya es una ventaja en lo que de saludable resulta, para cuerpo y mente. La ignorancia es la madre de todos los males, pues los fantasmas de la razón sin bases firmes, crea monstruos.
Que la entelequia de la propiedad privada, no suponga el abandono de ella, y que el desempleo no suponga el deterioro de las facultades mentales. Con todo ello, seguro que el bienestar crecerá, y un nuevo orden social y nuevas formas de ser, sin tanto recelo pasivo, permitirán mirar al pasado, como una historia anacrónica, superada.
