Opiniones

Gonzalo Villa. Dios es lo bastante justo...

Dios es lo bastante justo como para saber que el problema no es una cuestión de fe y lógica, sino de cómo se vive la vida.
 Érase una vez un héroe sin par, un guerrero incansable. Todos lo conocían y lo querían. Tuvo un hijo al que no conocía, porque lo apartaron de él. Al crecer amaba a su padre, por los prodigios que supo de él. Siendo ya un hombre se dijo –Iré adonde habita mi padre, destronaré al la cruel tirana que lo gobierna, y en su lugar coronaré a mi padre. Luego volveré a la tierra de mi madre y, destronaré al tirano que la oprime. Eso dijo el inocente y bienintencionado hijo. Pero no se dio cuenta de que sus enemigos eran más retorcidos y taimados que él. Y urdieron todo tipo de trucos, engaños, malas jugadas del destino y casualidades secretas, tramadas para conducirlos a matarse entre ellos.
(Extraído de Nieve de Orhan Pamuk.)
 No es inusual que los salvadores honestos y bienintencionados, acaben crucificados por aquellos que imploran la llegada de redentores, sin implicarse activamente en mejorar su condición y con ello su destino.
 En vez de implicarse en la creación de empleo, despotrican contra los que les emplean.
 A menudo reclaman indemnizaciones y compensaciones al sufrir desgracias, como si manaran de las fuentes perpetuas. Y desde luego rechazando contribuir, cuando se les expone la desgracia ajena, sin ningún género de dudas.
 Sabido es que, por lo general, nadie sabe como es el pastel a repartir, con lo que es imposible que su idea de la justicia distributiva sea impecable.
 Con eso de “todos queremos más, más y más, y mucho más”, e ir donde más les den, burlándose de la lealtad, la solidaridad y los compromisos válidamente formados, es difícil reprochar al que triunfa, que sus éxitos son egoístas, devastadores, canallescos, excesivos o perversos, toda vez que lo que subyace es la envidia malsana y la rabia enfermiza, de no haberlo podido hacer ellos mismos.
 Esto eran dos mendigos, que se encontraron un décimo de lotería. Tras comprobar que aún no se había celebrado el sorteo, uno le dijo al otro - ¿Cuánto ganaríamos si tocara el gordo? – 25.000 euros- respondió el otro-. Pues si nos toca, 10.000 para ti, 10.000 para mí y el resto para los pobres como nosotros, dijo el primero. A lo que replicó el otro encorajinado – de eso nada, los pobres que coman mierda-.
Moraleja.- si no lo hubieran hecho ellos, ¿lo habrías hecho tú?.

 

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