Opiniones

Gonzalo Villa. Los excesos de la euforia

 

Vivo donde nace el Chang jiang, y tú vives donde termina. Aunque bebemos del mismo río, todos los días pienso en ti sin poder verte. Nunca se acabará mi añoranza, a menos que se agoten sus aguas. ¡Ojalá correspondas con la misma lealtad, sin echar en olvido mi amor apasionado! (BU SUAN ZI)

Empresas cuyos clientes son Administraciones Públicas, han recortado la plantilla a la mitad, y siguen sacando la misma producción. ¿Quién puede creer eso?

La mala suerte. En la mesa se dispone el animal que ha de ser el sustento de treinta y dos personas, agrupadas en ocho familias, en las que todos los miembros realizan tareas necesarias. Es suficiente. Se ha cuestionado la presencia de los ocho cazadores, que repartían con el resto, cada uno a su grupo. Se da paso a nuevas personas. Y llegó a suceder que se siguió asignando las partes a los colocados en el reparto, pero se vincularon entre ellos, y quedaron cuatro sin la parte alícuota. Luego fueron ocho. Llegaron a ser veinticuatro. Y es que se había pasado por alto, que las nuevas incorporaciones, olvidan la equitativa distribución con el resto, para entender que la octava parte del todo, les corresponde a ellas en particular, y que lo que hacen con ella, está bajo su libre albedrío, que suele ser sumarla a otra octava, o a una cuarta.

Abracadabra, pata de cabra, ¿cómo puede ser realizar secuestros de niñas, extorsionar, y atentar contra la integridad de las personas y que no les persiga la justicia, sino que les ampare? Pues aunque no te lo creas, es la pura verdad.

¡Qué mala suerte!  El hijo pródigo volvió, y después de disfrutar del banquete, se comió todo el capital. Cogió las de Caín. Y contempló, como Boabdil  “el chico”, perdido,  lo que no aprendió a defender, más bien lo que se vio impulsado a arruinar.

La maldición gitana –Tengas pleitos y los ganes-

En martes y trece, ni te cases ni te embarques.

“No lo he podido evitar”, dijo la criatura escorpión al sapo, que razonando que ambos morirían si no refrenaba su naturaleza depredadora,  la subió a su lomo, para salvarla de una muerte segura. Ella no razonaba, era esclava de sus costumbres.

El deseo de mal metedores –Dios desavenga a los que nos mantengan-

Quien lo iba a sospechar. Aprendieron las palabras: calumnia, difamar, insidia, asechanza, contubernio, diatriba, infamia, correveidile, azuzar, lacayo, invectiva, malmeter, boicotear, connivencia, y dejaron de ser buscadores de méritos para ellos mismos y sus hijos o aprendices, llegando a tachar el conocimiento del espíritu humano, los engaños del maligno, la perspicacia para descubrir y la educación para la cooperación, como vanidad, tozudez y orgullo intelectual. Instando a abandonar enseguida tales investigaciones, por considerarlas totalmente inoportunas.

Y alzará la hija la mano contra su padre, y la esposa contra el esposo. ¡Bah, supercherías de vieja chocha! Ni que lo hubiera dicho Miqueas.

Que la paridad, no suponga la acumulación de cargos directivos o empleos fijos en unas pocas familias, y que otras tengan a todos sus miembros en el paro. Qué la contratación laboral y los beneficios, lleguen a quedarse obsoletos, en favor de nuevas formas de gestionar las debilidades humanas, de modo que el progreso no incube injerencias devastadoras. Y que la competitividad y la lucha de clases, no llegue a causar la proliferación de vagos y maleantes. ¡Ya sería mala suerte!, o tal vez el fruto del desconocimiento, la precipitación al determinar conclusiones o la ligereza en el establecimiento principios y normas para la convivencia.

Y abandonarán a su padre y a su madre para formar un nuevo hogar, y dejarán de ser dos extraños y serán una sola carne. ¿Eso donde lo viste, en la bola de cristal?

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