
Todos conocemos la historia. Chica virginal, pura y dulce, atrapada en el cuerpo de un cisne. Ella quiere ser libre, pero sólo el amor puede romper el hechizo. Su deseo casi le es concedido, en la figura de un príncipe. Pero antes de que éste le declare su amor, su lujuriosa rival, el cisne negro, le engaña y le seduce. En su desolación, el cisne blanco se arroja desde un acantilado, matándose. Pero con la muerte, encuentra la libertad. Eso era en la prehistoria. Ahora el cisne blanco y el negro son el mismo. Mejor, conde va a parar.
Tú no te cuestionas lo que crees, yo debo. Le dice Hypatia a un fanático que sustenta su modo de vida en afirmar que la Tierra es el centro del universo conocido, y que tacha de hereje a quien no reconozca tal afirmación, condenándola a muerte a manos de otros ignorantes prepotentes, sanguinarios y desquiciados. Se presentó como un amigo, un admirador, un beneficiario de su cordialidad y enseñanzas. Cuando un impresentable dice la frase –siempre tiene que ser lo que tú dices- como un reproche, eludiendo el análisis riguroso de lo dicho, estamos ante fanáticos como aquel.
Sócrates planteaba la siguiente conclusión: Más culpable que el arquitecto negligente, al que se le derrumba un edificio causando muertes, es aquella persona que sin contar con capacitación, construye un edificio, que se desmorona a causa de tales desconocimientos, causando iguales muertes. ¿Qué opina usted?
En la túnica sagrada, un romano paga precios desorbitados por prendas. Y el populacho sucumbe a la tentación de aprovecharse de la desesperación ajena. Un rabino les reprende por su actitud, y aunque el romano indica que no hay nada malo en vender a quien paga conociendo los precios del mercado, le dice que en realidad no era él el engañado, se engañaban a sí mismos. Hoy en día sigue la misma proporción, un samaritano por cada mil arpías (persona codiciosa que con arte o maña, saca cuanto puede).
La familia que roba unida permanece unida. Es la quinta esencia de la lealtad. La familia es la familia. La sangre es la sangre. No se hacen preguntas. Proteges a los tuyos. Y la virtud es el virus del individualismo, que desliga de los desiguales. Y cuando hicieron a cada uno rompieron el molde, especialmente en la familia.
La perfección no sólo es cuestión de control. Es también saber soltarse. Sorprenderte para así abordar lo que sin duda está por llegar. Trascender. Y eso, pocos lo llevan dentro.
La gente cree cualquier mentira, si es lo suficiente descabellada. ¿Acaso un crimen borra otro? ¿Acaso debemos dejarnos seducir por el pillaje y la tropelía porque la vida sea dura? Es sabido que la separación de los niños de sus padres es la prueba del fracaso vital de quien la promueve. Aunque hay que recordárselo, cuando se les olvida.
Ya sé que estás decepcionada, ocurre cuando te vas haciendo mayor. Se sufre más presión, ¡oh Dios!, cómo te entiendo. Pero no le des tanta importancia. Pase lo que pase, triunfarás. Eres maravillosa. En cualquier caso, deslumbrarás, lo sé. Lo verás todo mejor por la mañana. Siempre pasa, mi dulce niña.
Todos los mandamientos se resumen en uno solo, ama a tu prójimo como a ti mismo. Y cuando no te importa ver desaparecer a los hijos de un buen padre, no finjas que te afecta tomar de tu propia medicina. Y el Dios que es a lo que no alcanzan nuestras limitadas capacidades, es justo en su infinita misericordia, a pesar de los oportunos trámites, que tan acertadamente plasmó Mingote.
