Opiniones

Gonzalo Villa. Prefiero confiar en manos instruidas y adiestradas

No basta con amar, hay que amar de forma incondicional. No basta con escuchar, hay que escuchar atentamente. No basta con llorar, hay que aprender a superar el dolor. No basta con intentar resolver los problemas de quienes amamos, hay que ayudarles a responsabilizarse y a sobreponerse a los obstáculos. Cuando necesitan una solución, no basta con darles “nuestra” solución, debemos ayudarles a encontrar sus propias soluciones. Si tenemos hijas, no basta con alumbrarles y proyectar en ellas nuestras esperanzas. Necesitan que les eduquemos con amor incondicional. Y un día, cuando ellas sientan que están preparadas para enfrentarse solas a la vida, confiarán en que les dejemos ir en libertad, mientras seguimos nuestro propio camino, sin miedo…

…Bien gestionadas, el enfado o la ira, pueden darnos fuerzas y motivación para enfrentarnos a situaciones injustas o peligrosas, ante las cuales, sin ira, nos inhibiríamos. La ira constructiva es el germen de la justicia social.

Extraído de Brújula para navegantes emocionales – Elsa Punset.

El manido término amor, está tan vacío como las palabras políticas sociales. Es de considerar que la reforma laboral que abarate el despido, podría ser como rebajar las prestaciones de desempleo, para funcionarios de carrera, o anular el gasto farmacéutico correspondiente a una enfermedad erradicada, si con ello se consiguen empleos que, permitiendo un razonable bienestar, no estrangulen a emprendedores expuestos a un fin incierto de algunas de sus operaciones. Operaciones sujetas a la ordenación del sistema productivo, por profesionales necesarios.

Me temo que la flexibilización laboral no resultaría tan gravosa, si el reparto del trabajo necesario para sacar adelante las producciones y servicios no pasara por la estructura empresario-empleado por cuenta ajena. Se trata de ver en el conflicto como una oportunidad de crecimiento, de cambiar de mentalidad, de ponerse en lugar de los demás, de establecer nuevas relaciones.

No es de recibo que los empleables se mofen de la ruina de los empleadores honrados, ni que proliferen oportunidades de negocio, que supongan una destrucción de tejido productivo o una mera transferencia financiera sin contraprestación justa. En fin el desarrollo sostenible.

El sentido común o educación general, mantiene a los ciudadanos hipotecados durante 30 años, asistiendo a los hijos, y disponiendo de alguna que otra salida a la monotonía, que pueda ser integrable en la gestión y administración política, capaz de absorber las fluctuaciones, dentro de una planificación de la cohesión social, tan necesaria para evitar la vulnerabilidad frente a incursiones destructivas hostiles.

No sería descabellado hablar de planes de estudios que integren conocimientos de construcción, energéticos, medicina, agricultura y ganadería, textiles y culinarios en los currículos de primaria y secundaria, como materias troncales obligatorias. En fin, vinculados a la satisfacción de  necesidades básicas. Pues es aberrante ver cómo se desmoronan los edificios de los centros de las localidades. Como se dedican a fertilizantes, cientos de toneladas de frutas del Bajo Aragón, higiénicamente comestibles. Y por toda España quedan abandonadas hectáreas y hectáreas de terrenos aptos para el cultivo, y desaparecen explotaciones ganaderas, minas y complejos industriales, por puro abandono, mientras hace 40 años eran núcleos de población feliz, dinámica, generadoras de excedente y objeto de atenciones acogidas con entusiasmo, y centro de enriquecimiento personal para las personas de las ciudades, que visitaban a sus familiares y marchaban llorando ante tanta nobleza, sencillez y cariño sin doblez.

Necesitamos un vocabulario común para la estabilidad social, y no basta que se trate de idiomas en su enormidad, sino del conjunto de términos necesarios e imprescindibles para garantizar los consensos, en lo que a satisfacción de necesidades básicas para la supervivencia supone, para dar gracias a la vida, y luego que lo demás se cree e intercambie, sin destruir aquello. No desaparecerán las artes, las letras, las aficiones, que a veces requieren mayor dedicación y esfuerzos que los trabajos remunerados. No es cuestión de talentos, es cuestión de prioridades. Necesitamos que todos sepan hacer bien varias labores imprescindibles socialmente, y que se erradique la falta de cualificación completa, en la que crecen todos los males, entre los que la “eligieron”, y entre los que la fomentan.

Un caso. Un joven, inocente, muere en un tiroteo entre traficantes de drogas, a la puerta de un colegio. La profesora de ética reúne a sus alumnos para tratar el suceso. Les pregunta – ¿Cómo os sentís? –. Un alumno interviene – Yo estoy tan enfadado que me dan ganas de quemar todos los coches de los que lo mataron –Bien, bien-, contestó la profesora, pero yo creo que podéis estar aún más enfadados. – Pues yo estoy tan enfadado que iría a sus casas y les echaría de la ciudad – dijo otro alumno. – Bien, bien – dijo ella. Pero yo creo que podéis estar aún más enfadados. Podéis estar tan enfadados que decidáis terminar el colegio, ir a la Universidad, estudiar derecho, y ser los abogados y los jueces, que metan en la cárcel a  personas como las que han matado a vuestro compañero…si las hubiere.

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