Opiniones

Gonzalo Villa. Tan valiosa y tan eterna como la lealtad

  Lejos parecía haber quedado el uso del dinero, como multiplicador de la economía real, como potenciador del intercambio de bienes y servicios. La evolución natural del sistema económico, que nació con el trueque presencial, generó esas otras funciones del dinero, que tan bien se relatan en los libros de economía, hasta llegar a la especulación y los mercados financieros, o sea de compraventa del propio dinero, donde los brokers encuentran la razón de su existencia en ganar dinero, pudiendo llegar a destruir empresas y el empleo consiguiente, de modo que precipiten el armagedón. Y llegamos a que lo que falta no es dinero para prosperar, sino trabajo y excedente, como siempre fue.
Las mismas personas que destruyen el empleo que gira en torno a las corridas de toros, alardean de aprobar el secuestro de niños y niñas incitando a la destrucción de la familia, y entregarlos a las personas más capaces de embrutecerlos y degenerarlos. Protegen a delincuentes, vagas y maleantes y conducen a aborrecer las ganas de emprender e investigar con el objetivo aglutinar y lograr el progreso social. Y todo ello a favor de formas parasitarias y acreedores que nunca jamás entregaron bienes ni servicios, ni nada que contraprestación pudiera considerarse, salvo en capitulaciones matrimoniales o filiaciones registrales. Y digo más, que suelen ser de las que nunca han pisado una granja, una fábrica (con traje de faena y contrato de trabajo indefinido), ni han tenido que vender sin privilegio ni prebendas.
Dice Ana Alcolea en -Bajo el león de San Marcos-, “Hace más de ocho meses que murió mi madre y cada día lo llevo peor. Cuando murió, se fue de una manera tan serena, que la sensación de tránsito fue también serena para el resto de la familia y para mí. Es después de pasado un tiempo cuando te enfrentas al vacío, al hueco que deja la persona que se va, y que sabes que nunca se llenará. Un vacío en la casa, en el barrio y dentro de ti. Sientes que una parte de tu columna vertebral se ha ido, y que ese sostén que estaba fuera pero también dentro, se ha desvanecido para siempre. Y te sientes sola, sola en el más ancho sentido de la palabra, sola en toda su anchura, en toda su medida, en toda su totalidad. Su voz que nunca volverás a oír, su risa, su mirada de niña pilla, su sonrisa a veces mordaz. Todo ello no es ya ni siquiera cenizas, que se diluyeron en el mar en un día de viento y olas”.
Así se sienten tantos padres responsables sin sus descendientes, mientras especuladoras sin cualificación matrimonial ni tutorial, y con ganas de estafas y atracos, siembran la deslealtad, con un cuento como el de los mercados financieros, pretendiendo todo lo que se cuenta, mide y pesa, libre de cargas de trabajo y sacrificios, cuando no de penalidades y calvarios, sin comprometerse con la generación de lo que consumir y del excedente con el que hacerse acreedoras de lo que producen otros. De solidaridad o corresponsabilidad no les hables, que se irritan profundamente, ante lo que no entienden, ni sus progenitores les enseñaron nunca, ni nadie de su entorno, claro.
¿Qué esperas de quienes son como la cigarra, el perro del hortelano o el escorpión que no pudo dejar de clavar el aguijón a la rana, aún a pesar de acceder a salvarle la vida, cruzándole el río?

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