La Ryder Cup Ya sé que con la que está cayendo, con personas en serias dificultades para pagar el alquiler o la hipoteca, la cesta de la compra y las facturas básicas de agua y luz, hablar en estos momentos de golf puede parecer una grosería. Pido disculpas anticipadamente si alguien se siente ofendido, pero le invito a que siga leyendo.
La Ryder Cup es un torneo que se celebra cada dos años, una especie de Mundial de golf que enfrenta a la selección de Estados Unidos y a la selección de Europa. Nació en 1926 y originariamente se enfrentaban los USA e Inglaterra (con victorias mayoritariamente americanas, 45 a 1) hasta que en los años setenta se incorporaron Irlanda y el resto de naciones europeas, momento a partir del cual las fuerzas se igualaron (9 victorias europeas por 7 americanas). Hablar de golf en España era algo impensable, …. hasta que llegó un tal Severiano Ballesteros, un tío humilde que empezó como caddie (llevando la bolsa de palos de los jugadores) y terminó convirtiéndose en un icono mundial de este deporte en los años 80, el equivalente a un Fernando Alonso en la F-1. Una persona reconocida mundialmente, sobre todo en el Reino Unido y Estados Unidos, en donde el golf forma parte de la cultura anglosajona y está en los altares de las gestas deportivas. Hasta aquí la historia.
El domingo 30 de septiembre, terminaba en Chicago la edición de 2012. A esa última jornada llegaba el equipo europeo con una desventaja de 10 a 6 y faltaban por disputar los 12 partidos individuales. La selección Europea, capitaneada por José María Olazábal y con Miguel Angel Jiménez como uno de los vicecapitanes, estaba formada por el también español Sergio García y por otros 11 golfistas totalizando 8 países: Inglaterra, Alemania, Italia, Irlanda del Norte, Bélgica, Escocia, Suecia y España. El final no pudo ser más feliz: Estados Unidos ganó 4 partidos y Europa ganó 8 y empató uno con un resultado final de 14’5 a 13’5 que convirtió en apoteósico un triunfo, la segunda vez que un equipo, en toda la historia del torneo, conseguía remontar tal diferencia.
Ahora viene la moraleja. Si ustedes tienen oportunidad de buscar imágenes o fotografías del evento, son emotivas y emocionantes. Pero lo que más me llamó la atención fue ver, como en los chistes, a un español, un inglés y un alemán, cada uno con su bandera al cuello, abrazados, emocionados como niños. Cada uno con sus banderas, pero luego todos posando con una bandera común, la azul estrellada de la Unión Europea, como bandera única, de unión. Así que pensé que el deporte, en este caso el golf, nos da un hermoso ejemplo de cómo deberían funcionar las cosas en otros ámbitos de la vida. Cómo cada país, llámese España, Aragón o Escocia, desde su idiosincrasia y sus particularidades, sin perder su identidad ni su bandera, puede aportar al conjunto para lograr metas comunes.
En unos momentos de crisis institucional, social, económica, de crisis de valores, de crisis total, quizás el golf nos ha dado un hermoso ejemplo de lo que somos capaces de hacer.
