
El eslabón débil
Hay asuntos que no por repetitivos dejan de llamarme la atención. Uno de ellos es el teorema del eslabón más débil que se cumple indefectiblemente cuando vienen mal dadas. A saber, cuando un cargo público o privado de medio pelo para arriba la caga, la mierda, inevitablemente, cae por su propio peso sobre la cabeza del último currito de turno.
Es lo que ha sucedido en dos notorios casos que vienen llamando la atención informativa y la de nuestras conciencias.
Francisco José Garzón, el maquinista del Alvia en el accidente de Santiago de Compostela, será el único imputado en el juicio por las 79 víctimas del trágico suceso. Ni qué decir tiene que el hombre tendrá su parte de responsabilidad porque circulaba a 200 en una curva limitada a 80. Pero si tres de los cuatro peritos judiciales han concluido que existen diversas deficiencias en las medidas de seguridad, alguien del Adif o del Ministerio de Fomento debería tener alguna responsabilidad al respecto, máxime cuando este accidente ha significado un después en cuanto a mejoras en la balización, señalización y protocolos de actuación (móviles incluídos) en toda la red viaria.
Teresa Romero, la auxiliar de enfermería a la que algún día habrá que hacerla un monumento o, cuando menos, público homenaje y reconocimiento. Hasta su contagio por el virus del ébola, algunos en este país pensaban que éramos la leche en cuanto a protocolos de actuación de tan devastador virus. Dejando a un lado la conveniencia o no del traslado de los misioneros a España, este acontecimiento ha dejado al descubierto nuestras vergüenzas en el sistema sanitario y también a los sinvergüenzas que desde sus despachos y con poco o nulo conocimiento de causa, tienen mando en plaza.
Vergonzosas las declaraciones del consejero de sanidad de Madrid, poco menos que amenazando con llevar a los tribunales a la servidora pública por poner en riesgo la salud del país al tocarse la cara con un guante infectado. Lo de la ministra del ramo, Ana Mato es para hacérselo mirar. Que estemos en manos de alguien con actuaciones tan incompetentes no deja de preocuparme. El peligroso virus no está en África, lo tenemos en casa.
A este paso y siguiendo la teoría de Murphy, pobre del pringao de Caja Madrid que se ocupara de fabricar, tramitar y enviar las tarjetas black de los elegidos. No les quepa duda de que pringará el primero y será condenado al ostracismo en público escarnio. Al tiempo.
