Opiniones

Ignacio Belanche

Salud y pedales

He estado unos días dando pedales por estos caminos de España.

Lo primero que quiero compartir con ustedes: la magnífica sensación de libertad.  La posibilidad de viajar en un velocípedo impulsado por tus propios medios sin contaminar, ni consumir combustible alguno más allá de buenas dosis de hidratos de carbono, plátanos y bocadillos de jamón.  Es indescriptible.

En unos tiempos en los que nuestros expertos gobernantes en materia educativa nos quieren hacer creer que es preferible tener más horas de matemáticas o inglés a costa de la educación física,  yo me siento totalmente identificado con el aforismo clásico mens sana in corpore sano.  El ejercicio físico en mi caso es una terapia de higiene mental que me permite liberar el estrés al que nos aboca el quehacer diario.  Te queda tiempo para pensar que no tienes que pensar, ni que tomar decisiones más allá de dónde parar a comer o dormir.  Te da una cierta perspectiva desde la altura del sillín, como si vieras tu vida a vista de pájaro y te dieras cuenta de que la vorágine del día a día en la que nos encontramos es como el sumidero de la fregadera que amenaza con engullirnos a nosotros y a todo cuanto nos rodea.  Me planteo si las cosas “importantes” que nos imponen o nos autoimponemos son realmente tan importantes.

Si el slow food se está imponiendo al fast foood hay que reivindicar el “eselese” o slow life style, un ritmo de vida más pausado que se imponga al fast and furious, rápido y furioso estilo de vida de nuestros tiempos modernos.  Porque parece que nos va a faltar tiempo para todo y en esa dinámica saltamos de un edificio a otro como en un videojuego interminable de Mario Bros, siempre corriendo, siempre superando obstáculos, más rápido, más alto, más fuerte, embarcándonos en una olimpiada diaria que nos impide pensar y actuar con medida, que nos consume, nos agota y nos vacía física, mental e intelectualmente.

En definitiva, además del ejercicio habitual que cada uno de nosotros solemos hacer semanalmente, al menos una vez al año deberíamos poder  dedicarnos a andar, correr o pedalear durante unos días, aunque sólo fuera por el mero hecho de sentirnos más vivos, en un momento en el que la guerra palestino-israelí  cuenta las víctimas por miles, en el que el ébola hace estragos en África y en el que como cada año entre mil y dos mil compatriotas se dejan la vida en el asfalto, muchos de ellos en estos días de asueto.

Salud y pedales.

 

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