
¿Somos tontos o somos tontos?
Vale, hablo por mí. Es que uno ya no sabe si es que nuestros gobernantes creen que somos tontos o realmente es que lo somos. Viene esto al hilo del temazo verano 2014: una bajada de impuestos que nuestros bolsillos de sufridos contribuyentes se van a derretir del gustazo.
La risa floja, prefiero reir por no llorar, le entra a uno cuando empieza a conocer los detalles del susodicho anteproyecto. A partir de enero 2015 los efectos de la reforma se supone se dejarán notar en las rentas bajas y medias,…. en estas últimas en igual porcentaje que en las altas. Pero quienes tengan la desgracia de ser despedidos e indemnizados, habrán de tributar por sus indemnizaciones ( a partir de 12.000 €), no sea cosa que se les ocurra guardar su dinero bajo el colchón o pulírselo en un crucero por el Mediterráneo. Mejor se lo guarda Montoro.
Y luego me preocupa que, venga a cuento o no, se cumplan las optimistas previsiones de crecimiento o no, Mariano barba roja aviste las elecciones de 2015 y decida abrir la caja del tesoro para no dar pero hacer como que da… Todo muy a la gallega. Bien adornado de la propaganda ad hoc del sistema: que no cunda el pánico que salir saldremos, aunque luego haya que dar un par de vueltas de tuerca al sufrido contribuyente y a los servicios básicos a los que cualquier sociedad civilizada debe aspirar: sanidad, educación, prestaciones sociales. Algo similar a los 400 euros del Gobierno Zapatero pero con fondo azul y diseño ESADE business and law school.
Porque en definitiva, me quedo con la impresión de que se sigue oprimiendo a quien más ayuda necesita y paralelamente se sigue ayudando a quien menos le hace falta.
Yo no soy tonto. O sí, ¿?
