
La mujer del César
… no sólo debe ser honesta, sino además parecerlo.
Plutarco es un historiador y biógrafo nacido en Grecia a mediados del siglo I, que debe parte de su fama a una compilación de biografías de famosos personajes griegos y romanos: Vidas paralelas.
Gracias a él conocemos un episodio de la vida del emperador Julio César que ha dado lugar a la célebre frase cuyo título lleva este artículo. Según cuenta Plutarco, Pompeya, mujer del César, asistió a una fiesta donde se encontraba un noble patricio que estaba enamorado de ella. A pesar de que sabía que no le había sido infiel, la repudió y enunció la célebre frase que ha llegado hasta nuestros días.
Las personas que se dedican a la res publica y que además perciben un sueldo a cargo del contribuyente por el desempeño de su función, no sólo debieran demostrar una rectitud moral a toda prueba, sino que sería deseable que no hubiera lugar a la más mínima duda en cuanto al origen en la percepción de sus emolumentos.
Pues bien, la semana pasada, parte de nuestros representantes políticos le dieron una patada en el culo a la moral, la decencia y la transparencia debida a la ciudadanía: la reforma del reglamento de las Cortes de Aragón que pretendía obligar a los diputados y diputadas aragonesas a hacer público su patrimonio y su declaración de la renta ha quedado en agua de borrajas. El Presidente de las Cortes y portavoz del PAR, José Angel Biel, ha paralizado esta iniciativa que contaba con el apoyo del resto de grupos políticos.
Como ciudadanos, tenemos derecho a exigir a nuestros representantes políticos la publicación de sus bienes cuando llegan a un cargo y cuando se van, a que justifiquen el origen de su patrimonio y a que la transparencia sea la norma y no la excepción.
Parece ser que algunos de ellos se creen por encima del resto de la ciudadanía. Nos tendremos que encargar de demostrarles que, para estos menesteres, no sólo no están por encima, sino que deberían ser ejemplares.
