Opiniones

Ignacio Belanche

El tren y otras rodalíes

Esto de escuchar la radio tiene su aquel.  Me confieso un radioadicto. Me duermo y me despierto con ella. Plancho con ella. Cocino con ella,… en fin, que la admito como animal de compañía. O ella a mí, vaya usted a saber.

Además de mantenerme informado, hay veces que me toca la fibra con los testimonios de la gente, con su sufrida cotidianeidad, sus logros y sus miserias con los que a veces me identifico como el más común de los mortales.  Pero últimamente me sulfura.  Hay algún anuncio que directamente no soporto y la apago.  El que se lleva la palma últimamente es el de RENFE.

En el,  la compañía nos invita a viajar cómodamente a Valencia o a Santander desde Madrid o Barcelona en el AVE.  Que no se entera uno ni que viaja porque a lo que se monta ya está allí.  Y uno que ha elegido voluntariamente vivir en el medio rural se pregunta si hay vida más allá de la capital de España o de la ciudad Condal.  Si en el resto del país nos planteamos o se plantean nuestros gobernantes intentar acercar el ferrocarril a nuestras vidas como medio de transporte menos contaminante y a su vez como “elemento vertebrador del territorio”.  Esos palabros que quedan tan bien pero que tan difícil son de llevar a la práctica. No será prioritario. No pretendo que nos pongan un AVE en la estación de Cretas pero estos días que ando buscando transporte ferroviario para viajar con la muchachería, siento una envidia cochina por el sistema de rodalíes (cercanías) de nuestros vecinos.  Un completo mapa que recorre la geografía catalana de cabo a rabo a media hora escasa de la estación de tren más cercana.

A lo mejor algún día ven nuestros ojos o los de nuestros descendientes un sistema ferroviario digno que  una las tres capitales aragonesas.  Que conecte rápidamente  desde Teruel con el aeropuerto de Valencia y al resto con el de Zaragoza.  Que permita a los universitarios disponer de un medio de transporte que los lleve y los traiga a sus casas los fines de semana sin tener que echarse la fiambrera y la bota vino como antaño. Que el corredor del Ebro, las poblaciones de la Ribera alta y baja tengan unas cercanías que permitan a la gente trabajar en la capital y vivir en su pueblo. Que nuestro Bajo Aragón tenga una conexión que permita llegar a Zaragoza de manera cómoda y eficiente.  Igual ese día dejo de indignarme con los anuncios radiofónicos de la renfería.

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