
Tragedias
Se cumple hoy un año del fatídico accidente de tren que acabó en Angrois, cerca de Santiago, con la vida de 79 personas dejando más de cien heridos y una sensación de impotencia entre quienes asistimos perplejos a las imágenes del accidente que ofrecían los informativos. Muchas incógnitas se han resuelto, pero los afectados siguen reclamando responsabilidades más allá del maquinista.
El hecho de que se hayan detectado más de 20 irregularidades durante el proceso de investigación apunta a que, en ese tramo, las cosas no se hicieron comme il faut.
Mientras usted esté leyendo esto, se sucede el gotero de víctimas en un conflicto milenario que amenaza con nunca terminar. Las fotos, las imágenes y los testimonios de las personas que sufren los bombardeos israelíes no nos pueden dejar indiferentes. Estaremos de acuerdo o no en que Israel tiene derecho a defenderse de los ataques de Hamás, pero no parece que vayan a arreglar gran cosa a la vista de los resultados de las últimas incursiones en la franja de Gaza. El odio y la violencia generan más odio y más violencia.
El vergonzoso episodio del derribo del avión de Malasyan Airlines en Ucrania, otro que tal. Se buscan culpables que miran para otro lado y juegan con el dolor de padres, madres, hermanas, hermanos, maridos y esposas, que buscan consuelo en no se sabe dónde y que no entienden ni entenderán qué demonios han ganado los responsables de este criminal atentado con su ignominiosa acción.
Alejados de los focos de la actualidad, persiste la violencia sin fin en Afganistán, Siria o Irán, tan lejos y tan cerca, personas como nosotros que a duras penas consiguen hacer una vida normal.
Un tiempo de verano en el que nuestros niños y jóvenes disfrutan de sus vacaciones ajenos a estas tragedias ante las que los adultos apenas podemos hacer algo para aliviar tanto sufrimiento.
Ojalá que los distintos conflictos del mundo se tomen también unas merecidas vacaciones.
