
A trabajar
Pasados ya unos días desde las elecciones y con la constitución de ayuntamientos, comarcas e instituciones provinciales y regionales a la vista, las ciudadanas y ciudadanos que han resultado elegid@s para acometer tareas de representación política tienen, independientemente del color de sus siglas, un objetivo en común: trabajar.
Trabajar para mejorar el día a día de la ciudadanía.
Trabajar para que las personas que nos rodean puedan ganarse la vida honradamente y contribuyan con sus impuestos al bien común.
Trabajar para que el acceso a una vivienda sea un derecho y no un privilegio.
Trabajar para que la gente joven tenga un futuro en su pueblo o su comarca si decide apostar por quedarse en el territorio.
Trabajar para que en la educación de nuestros chavales, el personal docente intervenga en la toma de unas decisiones administrativas que aterrizan cada década en los centros como si fueran extraterrestres. Y para que prime tanto o más la creatividad como la memorización de unos contenidos que terminan devorados por la memoria selectiva.
Trabajar para que los profesionales sanitarios puedan desarrollar su trabajo dignamente y sin agobios.
Trabajar para mejorar las carreteras decimonónicas que aún padecemos, para desempolvar y acometer los proyectos de circunvalación que eviten accidentes y hagan los pueblos más habitables.
Trabajar para que se reduzca la brecha digital con las ciudades.
Trabajar por y para tod@s nuestros vecinos intentando conjugar el interés general con los intereses de los particulares, ahí es nada.
Parafraseando a Luis Aragonés, “trabajar, trabajar, trabajar … y volver a trabajar”.
Y en el 2019 veremos a ver qué hemos hecho, qué han hecho o si con una campaña de márketing apañamos el cotarro aunque acabemos de aterrizar en la arena pública o nos hayamos tumbado a la bartola.
