
El sheriff de Nottingham
Este personaje histórico, popularizado en la literatura y el cine junto a Robin Hood, representa en el imaginario colectivo la figura del recaudador real, el funcionario sin escrúpulos que arrebata a los sufridos súbditos sus pocas pertenencias pecuniarias o en especia dejándolos en la miseria más absoluta.
En las sociedades democráticas, la figura del recaudador de impuestos la asume el estado o el gobierno autónomo de turno, con el fin de dar cobertura a lo que se ha dado en llamar el estado del bienestar, que viene a garantizar un acceso a la educación, la sanidad o la vivienda para todo ciudadano, independientemente de su nivel económico o clase social.
Pero de un tiempo a esta parte, tengo la impresión de que el Sheriff de Nottingham ha vuelto y está entre nosotros quitándoles a los pobres para darles a los ricos, haciendo de los pobres gentes aún más pobres y enriqueciendo a quienes menos lo necesitan so pretexto de reducir gastos y sanear deudas que generen efectivo contante y sonante en las magras arcas del reino.
Reconozco que esta imagen me vino a la cabeza cuando vi, en la convención nacional del PP celebrada a finales de enero en Madrid, a la presidenta de los aragoneses, pidiendo al ministro Montoro (entre broma, como por favor, para no molestar pero que conste que lo pido en público) “algo en compensación por no cobrar el céntimo sanitario”, dineros que el reino de España se ha visto obligado a pagar por sentencia de la Unión Europea pero que no los ha repercutido en las comunidades que ya lo habían cobrado sino en las arcas de todos los españoles. La respuesta a la solicitud de la presidenta parece que ha llegado a primeros de este mes mediante el secretario de estado de Hacienda: un no rotundo a ningún tipo de compensación justificado por una decisión cuya competencia (implantar el céntimo o no) fue de nuestra gobernanta.
Así que la señora Rudi se ha quedado con un palmo de narices y sus administrados vasallos a la espera de nuevas vueltas de tuerca, que con el populacho no hay piedad. No sea cosa que se desmadren.
