
Callar como una puta
Todos sabemos que la costumbre hace invisibles las cosas: la mirada se insensibiliza ante lo cotidiano, lo repetido, lo que tantas veces vemos sin ver. Una ceguera funcional, pero que nos condiciona más de lo que creemos en nuestra vida cotidiana. ¿Hace cuánto que no nos detenemos ante un cielo abierto? No percibimos esa espléndida luz porque es el pan de cada día. Lo mismo sucede con lo injusto, lo vil o infame que también, lamentablemente, por ser el pan de cada día, lo dejamos de ver.
Ejemplos de esa ceguera hay a miles, pero hoy sólo querría “mirar” uno que, cada vez que lo “veo” me pasma la perplejidad. Y la indignación. Hay una expresión muy usada que dice “callar como una puta”. La gente lo dice, y se queda tan ancha. Me parece de lo más ofensivo e ignominioso para la mujer, para cualquier mujer, sea o no una puta. Cuánto perverso machismo encierra esta frase, qué siniestro y deplorable juicio sobre esa profesión y sobre las circunstancias vitales de quienes la ejercen. He escuchado esa frase en boca de hombres y mujeres. Y en boca de mujeres que defienden los derechos de la mujer frente a una mentalidad retrógrada, y que son adalides de lo femenino. Pero son “ciegas” frente al ultraje que profiere esta frase. Qué vergüenza, qué lamentable ceguera.
Tal vez aquello de Homo sum; humani nihil a me alienum puto -que podemos traducir como “Hombre soy; nada humano me es ajeno” -que dijera Publio Terencio Africano, haya sido mal traducido, o no se haya podido comprender. Que nada de lo humano nos es ajeno nos tiene sin cuidado, mientras nosotros podamos sentirnos mejores que los demás, porque no somos putas.
El dramaturgo Alejandro Casona recupera este proverbio en una magnífica obra de teatro: La barca sin pescador, donde nos lleva a reflexionar hasta qué punto el individualismo nos destruye. Por su parte, el filósofo y escritor Miguel de Unamuno comienza el primer ensayo de su obra Del sentido trágico de la vida, mencionando esta locución latina, pero traduciéndola como “soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño” Hombre o mujer, se entiende. De la nobleza o la bajeza, da igual.
Me duele ese estigma de silencio impuesto al más vulnerable. Me duele ese eco ciego que se repite con tanta inconsciencia. ¿Y si cambiáramos la frase, y dijéramos “Callar como un político”? Total, ellos, que nunca callan, no dicen nada.
