Como otros años hemos podido asistir al tradicional “Vencimiento del Dragón” en la Plaza de España de Alcañiz. Como cada año, la recreación medieval nos permite viajar hasta ese tiempo mítico donde San Jorge vencía a las fuerzas del mal con un colorido ramo de flores.
Fue interesante, en la representación, ver la mirada de fascinación de los niños que, en brazos de sus padres, contemplaban al enorme dragón caer vencido ante el símbolo florido del Amor y la Paz.
Interesante también la mirada inexpresiva de los adultos, que a esta altura del siglo 21 ya saben de qué van las guerras.
Interesante cuando San Jorge, dando la espalda al dragón muerto, rinde su valeroso brazo ante las autoridades municipales, y frente los representantes de los diferentes partidos políticos (ahora sí) saca una reluciente espada. ¿Qué significará ese gesto? ¿Acaso en política sí es lícito usar la espada? ¿Las flores sólo valen para los dragones?
¿El lenguaje político es afilado e hiriente por derecho propio? ¿Como para “cortar cabezas”?
Porque nuestro lenguaje está lleno de metáforas guerreras, casi siempre violentas: los conflictos se disfrazan de “luchas y batallas”, los debates se convierten en “duelos” o “combates”, las decisiones son “quirúrgicas”, las sentencias judiciales “varapalos”, las contradicciones no son simplemente discrepancias sino “ataques” o “asaltos”, una opinión discrepante se muta en un “torpedo” o en un “pulso”.Los adversarios políticos son “alimañas”, “lobos” o “ratas” las intenciones son “diabólicas”, “infectas” o “venenosas”.
¿NO debería San Jorge haber tirado un ramo de flores a cada uno de nuestros amables representantes? No para matarlos, claro, sino para que también ellos empleen el lenguaje de la Paz y venzan con Amor a los muchos dragones que nos amenazan
