No es que vea mucho la tele, pero pocas cosas me han parecido tan patéticas últimamente, como la imagen del rey Juan Carlos pidiendo mansamente perdón, y diciendo en tono compungido que no volvería a ocurrir. ¿Que no volvería a ocurrir qué? me pregunto. ¿Qué ya no volvería a cazar elefantes, o que ya no mostraría un soberano desprecio hacia la situación penosa que atraviesa ( y por lo que se ve, seguirá atravesando) el país donde reina. ¿Reina? ¿Eso es reinar? ¿Vivir rodeado de privilegios, con una absoluta y total inmunidad ante sus excesos, negocios oscuros, o sospecha de corrupción? ¿Hasta dónde llega esa inmunidad? Se justifica seguir escondiendo los escombros de una institución absurda y anacrónica como es la Monarquía? Se justificará, acaso, por la labor realizada durante la Transición? ¿Puede una obra, (aunque nadie le pueda negar la trascendencia de ese momento histórico), justificar perpetuamente a un hombre, aunque luego haya caído en una decadencia moral de tal calibre que termina representando justamente lo contrario de esa “ejemplaridad” que oficialmente se quiere mostrar?
¿Se puede aceptar que esa pueril y casi irónica disculpa pública corra un manto de olvido en la sociedad? ¿Podemos perdonar a la familia real el desprecio que demuestran hacia los españoles sumidos en la crisis, en el desempleo, en la pérdida de derechos; se puede obviar la infidelidad y la deslealtad a lo que representan, y el despotismo más egoísta y odioso hacia los demás? ¿Podemos seguir aceptando, en pleno siglo XXI que el derecho a la corona sea otorgado por una elección divina (¿cómo se casa eso con la democracia?), y transmitida hereditariamente por unos genes reales?
Creo que la decadencia de la monarquía es más que evidente, la inutilidad de esa figura anacrónica en un Estado de Derecho que tal vez ya deba plantearse qué estructura política nos conviene.
