
1972, sin duda una de las mejores cosechas (17ª parte)
Ya veo que estos de la serie “Cuéntame” me han plagiado, pero yo tendré que seguir con lo mío, no tengo recursos suficientes para denunciar a una productora. Pero ya les vale.
Retomando la vida de los 80, En el 84, el colegio empezó diferente para mí, fue un trance que muchos niños hemos tenido que pasar al aumentar la familia. Cambio de piso y por tanto de barrio, de vecinos, amigos, etc. Madre mía, si hubiera sabido por un momento en los pisos que me iba a tocar vivir por estudios y trabajo, 13 llevo por ahora y espero aumentar la cuenta, porque eso significaría que tengo trabajo. A lo que vamos, nuestra habitación empapelada con esos poster del “mundial 82”, de los equipos que competían en el circuito Guadalope que tanta ilusión nos hacía que nos dieran en boxes con la firma de los pilotos, recortes de las revista “Autohebbo”, como no, del mito erótico de la época “Samantha Fox”, de “Alaska” con esas uñas interminables. Esas estanterías con sus “madelmanes”, esos coches teledirigidos de “Rico”, ese barco pirata de los “Clicks” de famobil, esa cama con somier de muelles, que soportaba nuestros sueños y pesadillas.
¿Qué iba a pasar?
Atrás dejaba una Avenida José Antonio o Carretera Nueva, muy diferente a la que hoy conocemos por Avenida Aragón. Vivía en el 19, justo encima de lo poco que no ha cambiado “Muebles Pascual”, con ese escaparate tan exclusivo. Al lado estaba “Fotografías Rio”, haciendo esquina el “Banco Vizcaya”, bajando por la calle de la “casa roja”, “Sodric” y encima “Deportes Santa Bárbara”, testigo de además de nuestro primer chándal de las nacionales o primera raqueta de madera.
Volviendo al portal, Avenida arriba, por la misma acera, no había caja Rural, ni cafeterías, ni nada, tan sólo se veía un gran tejado de uralita y unas ventanas con rejillas, que correspondían al taller de ABASA. En la otra esquina “Vilchez”, bajando al cole el “Colmado Maria Ángeles”, habré comido jamón de york de allí. Y justo en la zona del pasaje, había unos recreativos, que fueron nuestra perdición de tiempo y dinero al salir de clase, con sus maquinetas de bolas y videojuegos.
Atrás quedaban los futbolines “Capri”, al lado de las escaleras que suben a la plaza del Dean desde la subida del teatro; o los que estaban en la acera donde tienen la peluquería los Hnos. Navarro. Que tiempos, 10 pts 3 bolas, 5 duros 3 partidas de 3 bolas, en las máquinas que llamábamos de bolas, nunca pinball. Intentando dar a las dianas para conseguir la bola extra, desplazábamos la maquina hasta que marcaba falta (tilt) y se paraban todos los mandos. De los Caprí, me acuerdo de muy poco, era más pequeño, sólo que las máquinas de videojuegos estaban distribuidas a lo largo de un pasillo, con los billares, futbolines y mesas de ping-pong al fondo y quizá de un videojuego que tenía una escopeta muy llamativa y otro de asteroides que se manejaba con una bola de mando. En el de enfrente de las Anas, más pequeño, si que jugué bastante al típico de marcianitos, el Space Invaders se llamaba y a otro que era una nave que disparaba y a la vez con otro botón tiraba bombas esquivando montañas. En los del pasaje ya más moderno, estaban los del Street Fighter que era el de los karatekas; el del soldadito medieval, que se quedaba en calzones y mataba zombies; había uno del oeste, que tenía dos pistolas, para batirse en duelo; como no el de los aviones, 1942, con aquella pirueta evasora; y los de las olimpiadas que para ganar, tenías que darle con los dedos a toda pastilla. Me dan ganas de seguir con los Dreams, pero estos los dejo para los 90.
Bueno, siguiendo la ruta, al final de la calle Belmonte de San José, la tienda de “Calafell” y ahí se acababa el pueblo, lo demás como ya conté en su día todo huertos, hasta las Nacionales. Y para acabar el recordatorio, enfrente de mi casa de la Avenida, “Alaber”, el Bar “Avenida” y el “Banco Zaragozano”.
Fotogramas que me vienen a la cabeza, pues las camionetas de tres ruedas llevando el butano o las bebidas de la siberiana; la lechera con su carro; los cubos negros de basura que había para cada portal, nada de conteiner; los porteros en los bloques más grandes, las farolas estilo sombrero tío Pepe, el buzón de correos…Por cierto la lechera tiraba a mano del carro y repartía la leche por todas las casas; el del butano se ponía la esponja en el hombro y bombona “pa arriba”, y los de la basura cogían los cubos a pulso hasta que caían las bolsas dentro del camión. Eran otros tiempos sin duda.
SEGUIRÁ…
