Días antes, llegó el ministro Blanco mintiendo como un bellaco, haciéndonos creer que Zaragoza y Aragón, iban a quedar muy bien parados con la decisión de Bruselas, respecto a los nuevos ejes ferroviarios. Todo hacía pensar que los contactos y gestiones durante los últimos 12 años de los oscenses Marcelino Iglesias (presidente del gobierno de Aragón), Victor Morlán (secretario general de infraestructuras del gobierno de España) y Eva Almunia (consejera de la DGA y secretaria de estado) darían sus frutos y que el Canfranc o el túnel de Vignemale permitirían a Aragón conectar por fin, con el resto de Europa. Pero nos volvieron a mentir, como siempre. El eurodiputado catalán Ramón Tremosa (CiU) se fue de la lengua mientras la ministra Carmen Chacón daba saltos de alegría. Ellos ya sabían lo que había, a pesar que faltaba una semana para que la comisión europea diera el veredicto. Vergonzoso e insultante para el resto de España, pero sin ningún tipo de consecuencia, ni dimisiones, ni perdones, ni nada de nada. Desde principios del siglo XX, el soborno vasco y sobre todo catalán ha sido total, pero lo peor es que nuestros políticos aragoneses, ni siquiera se han mostrado molestos y han acatado las órdenes de Madrid con total sumisión. La excusa, que por seguridad, medioambiente, problemas técnicos, es patética; cuando los Alpes llevan más de 100 años perforados por todas las fronteras. Se nos ríen otra vez en la cara, nos abortan nuestro desarrollo para los próximos 50 años y aquí no pasa nada.
Geológicamente, los Pirineos y los Alpes, son hermanos gemelos. Ambas cordilleras se originaron hace 62 millones de años en la orogenia alpina, cuando la placa euroasiática chocó contra África. La mayor parte de su litología es calcárea y estructuralmente los Alpes son más complejos por los mantos de corrimiento, frente al plegamiento autóctono de los Pirineos. La cordillera de los Alpes tiene más del doble de anchura (360 Km), que los Pirineos (150 Km). La mayoría de sus cumbres tienen más de 4500 metros, mientras que en los pirineos no más de una decena superan los 3000. A pesar de las mayores dificultades geológicas, morfológicas y estructurales, hasta ocho túneles se construyeron entre finales del siglo XIX y principios del XX, bajo el macizo alpino. Empezó Francia con el túnel de Mont-Cenis, acabado en 1871 y que le aseguró, durante un decenio, la hegemonía sobre el comercio entre Inglaterra y Europa Occidental por un lado, y entre el Mediterráneo y el Oriente por otro. Pero en 1878 el túnel suizo del San Gotardo le hizo la competencia. Este resultó ventajoso, sobre todo, para la Alemania imperial. Más tarde, en 1906, los suizos e italianos construyeron juntos, con desagrado de los alemanes, el túnel más largo del mundo; el túnel ferroviario del Simplón, de 19,8 Km de longitud. En 1965 se abre el túnel de Montblanc, de 11,7 Km. de longitud, une Francia con Italia. Roma y París, las capitales de los dos países qué lo perforaron, se acercaron en 20 horas de coche. Ahora mismo está en construcción el túnel de baja cota debajo del Gotardo, con 57 km de longitud, precisamente para las nuevas transversales ferroviarias alpinas.
Casualmente, ahora estoy en Extremadura trabajando en la construcción del AVE Madrid-Lisboa. Otra tierra olvidada por la administración central. Pocos votos, no interesa; esta es la premisa del político lameculos. En las portadas de los periódicos de la región, califican la decisión de Bruselas de dar subvenciones al corredor mediterráneo y dejar fuera al eje 16 hasta el 2050, con calificativos, como: “puñalada trapera”, “traición” o “pisoteo”. Es que es normal, es que relegarnos al olvido hasta el 2050, es hipotecar el futuro de nuestros hijos y nietos en nuestra tierra.
Siento que los aragoneses estamos viviendo un momento trascendental de nuestra historia y que nos pesará mucho en un futuro. No hablo de este año, ni de dos, sino de una etapa histórica en la cual se nos están amputando derechos, que durante tantos siglos nos costaron conseguir. Nos roban nuestro patrimonio, perversamente reinventan nuestra historia, quieren lo poco que nos queda y encima ahora nos dejan encerrados.
Si Goya levantará la cabeza y tuviera que rememorar su viaje a Burdeos, junto por ejemplo con Joaquin Costa, no darían crédito a que las comunicaciones aragonesas con Europa fueran prácticamente las mismas que ellos utilizaron. Y menos aún comprenderían este conformismo o apatía del pueblo aragonés ante este tipo de acontecimientos, cuando siempre se nos ha caracterizado por ser un pueblo defensor de lo nuestro.
