Aunque en principio, mi tema por el que estoy aquí es otro, al igual que escribí una carta de despedida a mi querido primo Angus, tengo la necesidad de escribir una reflexión, por lo menos, para que cada uno de nosotros nos paremos a pensar un poco, que somos, que hacemos y hacía donde vamos.
Hay países o zonas del mundo, que tienen que convivir con fenómenos naturales devastadores, como terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones. Otros, sufren las consecuencias de las desigualdades de nuestro sistema, hambre, sed, enfermedades mortales y otros se matan por cuestiones religiosas o simplemente por ignorancia. Miles y miles de muertos al año, por todas estas causas. Tanto tiempo viéndolo en el telediario, parece normal. Pero detrás de cada muerte, hay una familia, una situación trágica, como la que a muchos de nosotros nos ha tocado sufrir. Todos estamos predestinados, esto sí que es inevitable, pero cuando nos toca a alguien cercano, sentimos que el mundo se tendría que parar, no nos acostumbramos, lloramos, caemos en la desesperación, no entendemos nada. Pero el telediario sigue como cualquier día.
En Alcañiz, por suerte, no ocurre nada de lo citado anteriormente, pero algo nos alarma. Somos una de las poblaciones con la media de cáncer más alta de España. Demasiados seres queridos nos están dejando, demasiada asiduidad a acudir al último adiós de un conocido, amigo o familiar. El cáncer es una enfermedad terrible, devastadora. La sufre el paciente, pero no menos sus seres queridos. Es muy complicado asimilar, como un ser humano poco a poco se va apagando, lo ves pero no lo quieres creer, el final desgraciadamente está escrito.
Se emplea muchísimo dinero en investigación para encontrar la “vacuna milagrosa”, pero tras muchos años de estudios, la realidad es que no hay nada. Da igual ir a una superclínica a EEUU a tratarse. ¿Cuántos famosos mueren al año por esta enfermedad? Esto no se trata de cirugía estética. Que sean valientes y digan claramente cuál es el origen. No interesa.
La química alimenticia que logra que un berberecho se pegue 6 años en una lata sin variar su aspecto, o una sandia sin pepitas esté igual de dulce en Mayo o Septiembre. La central térmica de Andorra, con su lluvia ácida, matando vegetación, allí donde deposita las micropartículas de azufre. ¿Nadie se ha percatado de la gran cantidad de pinos y cipreses, secos, de color marrón que existen en nuestro alrededor? La central nuclear de Ascó, a menos de cien kilómetros en línea recta de Alcañiz, que ha tenido y tiene pequeñas fugas de partículas radioactivas que nos visitan cuando el viento viene de levante. Antenas de telefonía móvil, cables de alta tensión, móviles pegados a la oreja o en el bolsillo, etc. Las uralitas y su fibrocemento. Una simple radiografía por un hueso roto. El Sol que cada día quema más, por la debilidad de la capa de ozono. Los pollos, cerdos, vacas, etc, que engordan a una velocidad totalmente desnaturalizada. Y el pescado, tan bueno, resulta que como come todo lo que llega al mar, pues ala, mercurio al cuerpo. Del tabaco, que voy a contar, cada día sabe menos a hoja de tabaco. El benceno de los aires acondicionados de los coches. Cualquiera de estas cosas puede provocar cáncer, es un disparo entre un millón, una célula maldita, pero cada vez como podéis observar, hay más balas.
¿Qué podemos hacer? Evidentemente nada, estamos demasiado bien acostumbrados y tenemos que seguir respirando, comiendo y comunicándonos. Simplemente hay que aceptar que nos estamos autodestruyendo. Hemos cogido un tren, que se ha convertido en un AVE y lo peor es que no tiene marcha atrás. Pero no nos alarmemos, sólo somos una parte insignificante del planeta tierra. 2 millones de años frente a 4800.
Sólo un consejo: intentemos disfrutar al máximo del tiempo que estemos aquí, siendo felices y haciendo felices a los demás. La vida es una lotería y cada vez hay menos boletos.
