
Vergüenza
Vergüenza, eso lo que sentí la otra noche mientras veía un programa de televisión. Vergüenza y otras cosas, que tampoco hace falta exponer, mientras observaba como se trata en este país a los más desfavorecidos.
En este caso tocó el turno de mostrar cómo se las apañan los dependientes y sus familias. Un programa sin sensacionalismos ni miserias donde cada uno exponía su caso y cómo se las arreglaban para sobrellevar el día a día con cada vez menos ayudas por parte del gobierno.
Lo que me llamó la atención fue la serenidad de las familias ante su situación, pero sobre todo la dignidad que mantenían estas personas.
La dignidad es lo único que nos queda cuando ya no hay nada más. Como se dice en la película de Bertrand Travernier “El principio de todo” (1999):
“Antes - recuerda la maestra- la gente también era pobre pero los niños venían a clase con las rodillas limpias y la ropa planchada”.
Incluso en los peores momentos, nunca debemos perder la dignidad, pues es la que nos da naturaleza de personas. La dignidad de los que fueron entrevistados superaba en mucho la desvergüenza de los que nos gobiernan. Cómo ellos mismo decían no es caridad “cristiana” lo que buscan, para eso ya tenemos shows televisivos como “Entre todos” o las colectas benéficas.
No, lo que ellos reclaman es “justicia social”. Reclaman ayuda a la sociedad, representada por sus gobernantes que les permita llevar una vida plena y digna.
Sentí vergüenza:
Vergüenza de ver cómo un ministro con cara de monaguillo y haceres de obispo dicta doctrina a favor de los derechos del “concebido no-nacido” cuando forma parte de un gobierno que deja en la estacada a los “concebidos nacidos”.
Vergüenza al ver a gobernantes de la mano de obispos y cardenales hablar de igualdad y derechos cuando dejan caer en el olvido a conciudadanos con la excusa de estabilidad económica .
Vergüenza de ver esta sociedad que mira para otro lado preocupada por sus propios quehaceres olvidando a los más desfavorecidos, perdiendo así cualquier atisbo de humanidad.
Porque como ciudadano prefiero que el dinero de mis impuestos se dedique a los que más lo necesitan antes que a financiar proyectos de políticos megalómanos cuya mediocridad en directamente proporcional al coste de sus megaproyectos.
Estos días se conmemora el 40 aniversario de la revolución de los claveles, ejemplo pacífico de revolución de un pueblo contra sus gobernantes, que se inició al son de la siguiente canción:
Grândola, Vila Morena
Grândola, vila morena
terra da fraternidade
povo e quem mais ordena
dentro de ti o cidade……
Creo que ya va siendo hora de que todos en este país tomemos conciencia de que hay que cambiar las cosas y que de la manera que vamos, quizá algunos lleguen a algún fin, pero lo que está claro es que nosotros como sociedad vamos abocados al fracaso.
Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.
Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.
¡A desalambrar, a desalambrar!
que la tierra es nuestra,
tuya y de aquel,
de Pedro, María, de Juan y José….
