
Palabras, palabros y palabrejas
La etimología es la parte de la filología que estudia el origen y significado de las palabras. Un idioma es algo vivo que está en continuo cambio sobre todo en la actualidad. El desarrollo tecnológico nos permite conocer, usar y asimilar palabras y expresiones extranjeras a gran velocidad.
Dice Ramoncín, el rey del pollo frito, en una de sus canciones:
“Como un susurro que recorre la ciudad,
así me llega el recuerdo de ti.
Una luz que se quiebra en la oscuridad,
Un gemido que rompe el silencio.”
Y es que hay palabras que aparecen de repente; primero la escuchamos furtivamente, como de soslayo, en algún programa de televisión o la leemos de pasada en algún editorial.
De forma que sin saber muy bien cómo ni por qué un buen día empezamos a usarla como si la conociéramos de siempre.
Cada año se realiza una lista con las palabras más relevantes o usadas. En este pasado 2016 la lista está formada entre otras por: populismo, sorpasso, LGTBfobia y una que aunque es bastante nueva ha entrado fuerte este final de año, esta palabra es POSVERDAD o POSTVERDAD, dependiendo de lo puritano que seamos con los prefijos.
Quizá ahora nombrada sí que le suena al lector y recordará que lleva escuchándola desde hace algunas semanas sobre todo a nuestros políticos.
Ante una palabra cuyo significado desconocemos, si carecemos de algún “cuñao” que nos la explique, podríamos tirar de etimología para intentar saber de qué nos están hablando.
De modo que:
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- POSVERDAD = POS + VERDAD
- POS: es un prefijo que significa “detrás de” o “después de”
- VERDAD: El término procede del latín verĭtas y está asociado con la conformidad de lo que se dice con lo que se piensa o siente.
De manera que POSTVERDAD sería lo que está después, más allá, de la verdad.
Podríamos pensar, tras nuestra deducción etimológica, que éste término se refiere a algo bueno. ¿A quién no le apetece más verdad?.
La realidad es la contraria, la política de la POSVERDAD es aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles. Ya no se habla de verdad o falsedad, incluso la ideología queda en segundo plano; lo visto y vivido hasta ahora ya no sirve. Estamos en una nueva época en la que se apela a nuestros sentimientos, e indirectamente a nuestros miedos y egoísmos, para controlar nuestros designios. Todo nuestra experiencia anterior ya no vale y debemos fiarnos de quienes nos gobiernan ya que ellos saben hacia dónde debemos dirigirnos.
