Opiniones

Joaquín Egea

Externalizar

Es la palabra de moda en los últimos años. Podríamos decir, muy a nuestro pesar, que se ha convertido en sinónimo de buen gobierno. No hay ayuntamiento, mancomunidad, provincia, comunidad o estado que no externalice algunos de sus,hasta entonces, servicios públicos.

No nos lo dicen, pero la externalización es simple y llanamente una privatización. Nos dulcifican el término para que, como ya decía en mi columna sobre la infantilización de la política, los ciudadanos no veamos las verdaderas intenciones.

Pero lo que realmente esconde la palabra externalización  es la palabra fracaso. Se nos dice que algo se externaliza porque es ingobernable o inabarcable por los poderes públicos. Los gobernantes que elegimos los ciudadanos para gestionar lo público nos dicen que no son capaces de hacer aquello por lo que se les ha elegido y lo ponen en manos privadas.

Nos intentan convencer de que una empresa, que está para ganar dinero, es capaz,en teoría, de ofrecer el mismo servicio y la misma calidad en principio por menos dinero, aunque luego en la mayoría de los casos se demuestra lo contrario. Es la constatación del fracaso del gestor público que realiza la externalización; por lo que en vez de externalizar debería dimitir para que otro, más preparado y con más ganas de trabajar, gestione lo que no sabe.

Decía el doctor  Marciano Sanchez Bayle en su visita a Alcañiz: " La sanidad pública es el esfuerzo solidario que todos realizamos para que aquellos que tienen la mala suerte de estar enfermos puedan recuperarse; si no fuera así sería imposible que la inmensa mayoría de la ciudadanía pudiera recuperarse en caso de enfermedad."

Esto dicho en el caso de la sanidad es aplicable a todos los servicios públicos elementales que cada día más se privatizan en España. El mantenimiento de la titularidad pública de los servicios esenciales asegura la igualdad de trato de todos los ciudadanos. Además permite en caso de necesidad la adopción de medidas excepcionales para que ningún ciudadano, sea cuál sea su situación, se vea privado de las necesidades más básicas.

La hoja de ruta hacia la privatización es clara, primero dejan que el servicio público se deteriore, dejándolo vacío de inversión pública. La mala gestión, casi siempre política, provoca endeudamientos que a largo plazo hacen la situación insostenible. Todo esto repercute en el usuario que al final ve como única salida la privatización para solucionar el funcionamiento de los servicios públicos.

Defendamos nuestros servicios públicos, pero obliguemos a que se profesionalice, no privatice, la gestión. Que sean los que realmente saben los que dirijan, apartando a los políticos de esta gestión.

Para terminar no crea el lector que la gran cantidad de anuncios de seguros privados de salud con los que nos inundan últimamente a través de los mass medias es baladí, se está abonando la opinión pública para una buena predisposición hacia estos seguros frente a la sanidad pública.

Compartir

Otros artículos de opinión

Image