
Héroes y villanos
Mientras escribo esta opinión, en Brasil se disputa la fase final del campeonato mundial de fútbol. En esta ocasión los españoles hemos perdido pronto el interés por la competición debido a la pronta eliminación del combinado nacional.
No voy a dar mi visión del fracaso pues cada uno podrá tener la suya pero si voy a hablar de un hecho que aunque pasó de puntillas por los titulares de prensa si que produjo algunas opiniones más o menos aireadas por parte de los periodistas deportivos.
El hecho fue que cuando la expedición española aterrizó en Barajas los jugadores no salieron por la terminal, sino que desde la propia pista se embarcaron hacia sus lugares vacacionales, dejando a unos centenares de aficionados con un palmo de narices sin poder animar a sus ídolos.
Recuerdo una conversación de café en la que se reprochaba a los jugadores su falta de tacto. Para mí el gran problema es que creamos héroes y mitos donde sólo hay personas normales que en ningún caso son ejemplo de nada salvo de realizar bien un deporte. De manera que un deportista, llámase Cristiano, Messi, Casillas o Alonso, no tiene porque ser compendio de todas las virtudes humanas. No tienen porque ser simpático y ni mucho menos legales y justos.
No les pedimos buenas obras sino que realicen bien su actividad física, porque es por esto último por la que se les debería juzgar.
El problema es pues nuestro, no de esos a los hacemos ídolos con pies de barro, aunque ellos aprovechen nuestra admiración para su propio beneficio. Beneficio que sacan a través de campañas publicitarias que explotan y venden virtudes de estos deportistas que no tienen que ser ciertas.
Tan fácilmente como los creamos los destruimos. Como ejemplo podemos describir los casos de Tiger Woods o Lance Armstrong, golfista el primero y ciclista el segundo. Ambos considerados en su momento los mejores deportistas en sus respectivas disciplinas.
El primero cayó en desgracia cuando se rompió su matrimonio por sus continuas infidelidades, tal fue el escándalo que en menos de un mes se derrumbó su vida hasta entonces de ensueño. Todos sus sponsors le abandonaron, no porque sufriera un bajón significativo en su juego, seguía siendo número uno, sino porque moralmente su ejemplo ya no valía para anunciar relojes, coches o equipamiento deportivo.
El caso del segundo es conocido por todos y es el paradigma de lo que puede llegar a ocurrir cuando elevamos al olimpo de los dioses a un deportista, convirtiendo en gesta heróica lo que no era más que una farsa de doping y encubrimiento. Cuando se descubrió la verdad todo el mundo renegó del ángel caído incluso las marcas, otrora condescendientes y pagadoras de millones, amenazaron con multimillonarias querellas para salvar su imagen y honor, aunque dudo mucho que pensasen en reembolsar a los consumidores su dinero gastado, atraídos por las bondades de una persona convertida en Héroe y ejemplo a seguir gracias a una campàña publicitaria.
Hay muchos más ejemplos y seguiremos viendo más mientras sigamos con esta actitud frente a personas, hacia los que podemos procesar cierta admiración, que no merecen ponerse como ejemplos de lo que deberíamos ser.
Personalmente me gustaría que se reconociera más la valía de gente que hace cosas por el bien común frente aquellas que desarrollan una actividad recreativa. Aunque creo que antes volveré a ver a miles de personas celebrar un éxito deportivo que la concesión de un premio Nobel.
