Opiniones

Joaquín Egea

Carta a un amigo

Se ha apagado tu luz amigo mío, lo ha hecho para mí de la manera más insospechada. A los amigos no se les juzga, se los escucha, se les comprende y se les perdonan las faltas.

Ya ves, te llamo amigo pero sólo te conozco desde hace apenas un año.

Recuerdo cuando nos conocimos. Yo muchos años fuera de Alcañiz nunca te había visto, ni siquiera había oído hablar de tí, lo que me permitió conocerte de manera aséptica sin prejuicios.

Un gran defecto que tengo es que catologo a las personas por la primera impresión que me causan, para bien y para mal. Supongo que a los demás les pasa lo mismo contigo.

Desde el principio me dije “buen tío” con este me llevaré bien y eso que mi poca audición y tu dicción hacían al principio difícil nuestras conversaciones.

Me pareciste un buen colega, de esos de los que tirar cuando se necesita algo y doy fé que desde el principio me lo demostraste pues conseguiste en tiempo récord local para fiestas y lo que era más difícil, que nos concedieran la luz y el agua en poco menos que una tarde.

Después de aquellas fiestas me invitaste a acompañaros en otra de tus grandes pasiones, las motos, junto a tu gran amigo. Formando un dúo que sumaba pasión por tu parte y manos de genio por la otra. Lo pasé genial viviendo de cerca, junto a ti y el resto de la cuadrilla, de un auténtico día de gran premio.

Después vendría la organización de una fiesta para los cuarentones de aquel año y por último de la noche-vieja. Siempre estuviste ahí para ayudar en todo lo que hiciera falta.

Con el tiempo pasado juntos intrigando y confabulando te fui cogiendo cariño a ti al igual que al resto de la pandilla, siempre nos habéis hecho creer que estamos entre amigos de siempre.

No hemos pasado muchos ratos juntos. Donde realmente hemos pasado mucho tiempo es hablando por  “guas”, como llamabas al whatsapp, confrontando nuestros, muy a menudo, dispares puntos de vista sobre la realidad que nos rodea. Muy pocos saben que de una de estas conversaciones surgió tu encargo de escribir una columna sobre La Verdad.

Te confesaré que me costó pillar el punto de tu humor, muy particular, nunca sabía qué era real y qué era metáfora, cuando estabas cabreado y cuando simplemente querías ver cómo reaccionaba la gente a tus comentarios.

Pasé grandes ratos charrando virtualmente, me gustaban aquellos diálogos contigo. Guardaré  con mucho cariño tus últimas palabras: “me gusta hablar con alguien como tú porque aunque no coincidamos en nada mi respeto lo tienes ganado y aunque para ti no sea importante a muy poca gente con tantas diferencias las respeto como a ti, además te considero buena gente.”

Se nos han quedado pendiente un largo café en tranquilidad para hablar a solas y en profundidad de nuestro punto de vista de la realidad y una salida en bicicleta para demostrar quién era el que llegaba peor a casa.

Cómo recuerdo nos quedará la foto que nos hicimos todos en fiestas, aquella que te empeñaste desde el primer día en hacer y en la que querías que estuviéramos todos. Foto donde ha quedado reflejada para siempre tu eterna sonrisa.

Se ha apagado tu luz aquí abajo, pero seguro que una nueva estrella nos ilumina desde arriba.

Cuida y vela por todos nosotros amigo.

Hasta siempre.

 

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