
Se acerca el día
Se acerca el día y algo ha hecho clic en mi cabeza. Un año más las imágenes y vivencias de esos días afloran desde lo profundo de mi pensamiento. No es que no piense en ti a menudo, pero durante estos días tu recuerdo se hace más “vívido”.
Era sábado y todo se empezó a torcer a las tres y media. Una llamada de teléfono buscando respuestas y esperanzas que no tenía y una certeza que aunque tardó horas en resolverse nos abocaba desde el principio a asimilar tu pérdida.
Contigo se fue un gran romántico, pero no en el sentido estricto de la palabra, sino como aquella persona apasionada por la naturaleza y que convirtió su gran amor por la misma en su modus vivendi. Trabajabas cuidándola y a buen seguro que más que trabajo para ti era un orgullo pertenecer a ese grupo de personas que lo arriesgan todo para que los demás disfrutemos de nuestros parajes.
El destino eligió para ti el peor día para partir, casi nadie sabe que nos vimos el día de antes y estuvimos charlando, en tus ojos y gestos una sensación de melancolía que me chocó frente a tu siempre feliz carácter. Cuantas veces vuelven esos ojos tristes a mi recuerdo.
Nunca ya será igual el 19 de Marzo, aunque para quien nunca será un día de alegría es para tu niña, en quien te vemos reflejado y en cuya cara buscamos gestos y rasgos de tu persona que la memoria no alcanza a recordar. Que guapa es, Angus y como nos recuerda a ti y ahí estará siempre como testigo primordial de tu existencia.
Compartí poco tiempo contigo, pero lo suficiente para conocerte y compartir tu alegría por la vida. Fuiste el mejor amigo de todos porque para todos estabas cuando hacía falta, para reír o para llorar siempre afable, siempre amable.
Escribí en su día que: “lento pasa el tiempo del dolor y rápido el del recuerdo”. Fueron tres días que pasaron lentos como años y han sido 3 años que han pasado rápido como días.
Sufrimos mucho tu pérdida y cuando ya no nos quedaban lágrimas que secar se fue Samuel. Cuando parecía que nuestro corazón ya no podía encogerse más tuvimos que empezar de nuevo el triste ritual de la despedida. Habían pasado tres meses y de nuevo una llamada de teléfono, al alba esta vez, me anunciaba la pérdida de un muy querido amigo. Contigo, Samu, si que compartí mucho, durante mucho tiempo fuiste mi único amigo en Alcañiz, luego se sumarían los demás.
Compartimos muchas tardes de café y guiñote y muchas noches de fiesta y charla. Fuiste una gran persona, los que te conocimos así lo podemos atestiguar. Tú también eras un enamorado de tu trabajo, pero en tu caso la naturaleza la cambiaste por el hormigón y disfrutaba entre copa y copa de tus explicaciones sobre ménsulas, vigas y demás palabros relacionados con la construcción que para mi eran desconocidos. En tu caso también tenemos a tu hijo que nos recuerda a diario como fuiste y en él veremos cómo hubieras sido.
Han pasado tres años y escribo para recordaros y para desahogarme porque me expreso mejor por escrito. Os escribo porque os echo de menos y porque recordaros me sirve para no olvidaros. Siempre en nuestros corazones.
Se acerca ese maldito día.
