Opiniones

Joaquín Egea

Paradoja

En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro de la misma ubicaron una escalera, y en lo alto, unos plátanos. Cuando uno de los monos ascendía por la escalera para acceder a los plátanos, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría.

Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se aventuraba a ascender en busca de un plátano, el resto de monos se lo impedían con violencia. Al final, e incluso ante la tentación del alimento, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.

En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en la habitación.

El mono nuevo, naturalmente, intentó trepar  por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría hiciera su aparición. Después de repetirse la experiencia varias veces, el nuevo mono comprendió que era mejor para su integridad renunciar a ascender por la escalera.

Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con especial interés en las palizas al nuevo mono trepador.

Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.

En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos.

Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.

El relato anterior se usa en algunos foros y blogs dándole trato de experimento científico para explicar ciertas semejanzas entre el  comportamiento humano y el de los primates. Aunque no está demostrada su veracidad, por lo que hablaremos de paradoja y no experimento científico.

Con todas las reservas sobre su veracidad creo que se puede aprovechar algunas de sus conclusiones, llegando a ver en la actualidad comportamientos parecidos a los de estos monos por parte de los protagonistas de la situación sociopolítica de nuestro país.

Independientemente de las ideas políticas de cada uno, cualquier observador puede apreciar que en la actualidad se confrontan dos ideas sobre cómo ha de ser el futuro político de nuestro país.

Por un lado tenemos a los que dicen que de la situación actual se sale aplicando recetas que ya existen y que es cuestión de tiempo y de aplicar ciertas reformas que salgamos de la crisis.

Frente a estos están los que opinan que el estatus quo actual no es válido y que hace falta una reforma completa del Estado para salir de la situación actual y que el primer paso es realizar una reforma constitucional que marque cuales han de ser las nuevas reglas de desarrollo.

Frente a estos últimos los políticos actuales, formados casi todos en la Transición y por los que han aprendido de estos criándose a su vera, dicen que debemos dejar la cosa como está, que no hay que tocar nada de la Constitución, que ya se consiguió un importante consenso en 1978. Dando a entender que cualquiera que quiera cambiar algo es un rupturista y un revolucionario que quiere acabar con todo lo bueno del consenso de la Transición. Entregándose con saña, como los monos que golpean a los que quieren los plátanos, para evitar cualquier idea opuesta a la suya.

Decía Antón Losada hace dos años, en uno de esos programas de debates televisivos tan de moda ahora, que cada generación tiene el derecho de votar su Constitución. No es cuestión de ser revanchista, de acusar a nuestros padres por los errores cometidos, es muy fácil juzgar a posteriori.

La Transición se realizó en un momento muy difícil y se han conseguido para el país muchos años de tranquilidad y modernidad, pero es necesario conseguir un nuevo consenso entre los ciudadanos de 2015. La España actual poco tiene que ver con la del 78. No podernos permitir que los políticos actuales, al igual que los monos de la paradoja, nos impidan alcanzar nuevos objetivos. Corremos el peligro de ver una nueva prosperidad al alcance de la mano y no hacer nada por alcanzarla y decir, una vez pasados los años, al igual que los últimos monos, cuando nos pregunten porqué no hicimos nada por cambiar “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.

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