Opiniones

Joaquín Egea

Infantilización

Defendía recientemente el profesor Juan Carlos Monedero, en su visita a Alcañiz, que en la actualidad estamos asistiendo a una infantilización de la política. Infantil deviene de infante que etimológicamente significa “el que no habla” (in fona). Y cuando alguien no habla, necesita que alguien lo haga por él. En el caso de los niños sus padres.

Así pues a ojos del profesor en la actualidad somos in fonos (sin voz) en lo que a política se refiere y son los políticos quienes hablan por nosotros, marcando ellos qué y cuándo es lo importante.

Pero esta infantilización de la política no sólo la vemos en la actitud de los políticos hacia los ciudadanos y la relación que estos últimos adquieren con los primeros, sino que es palpable también en el lenguaje con el que nos hablan nuestros representantes.

Cuando hablamos con niños tendemos a cambiar nuestra forma de hacerlo, hablamos con diminutivos y metáforas. Inventamos extraños giros para explicar conceptos, en principio sencillos, que pensamos no van a ser entendidos por la mentes infantiles.

Del mismo modo cuando los políticos nos hablan lo hacen en un lenguaje, aparentemente sencillo, que esconde sus verdaderas intenciones y pensamientos. Piensan, los políticos, que los ciudadanos no estamos “maduros” para entender la realidad que nos rodea, de modo que la disfrazan y esconden en enrevesadas metáforas. Otras veces, simple y llanamente, nos cuentan mentiras, que poco tienen de piadosas, para que el ciudadano no pueda seguir el curso de la situación de su país y mucho menos sea capaz de saber si las decisiones que toma su gobierno son las que necesita realmente.

De esta manera oímos cosas como “crecimiento negativo” para esconder la palabra crisis, “reforma laboral” cuando en realidad es una patente de corso para precarizar el empleo o nos hablan de “copago sanitario” con la argucia de que el sistema público no es sostenible.

El cómo hemos llegado hasta aquí puede tener muchas respuestas, pero por encima de todo está nuestra tendencia a la “delegación”; delegamos la educación de nuestros hijos en los profesores, delegamos el aprendizaje de los valores y de las mínimas reglas de convivencia en la religión y hemos terminado delegando la toma de decisiones sobre nuestro futuro en políticos que demuestran estar de espaldas a la ciudadanía.

De manera que al igual que los niños aprenden un día a hablar, dejando de ser   in-fonos, crecen, maduran y tiene pensamiento y voz propia abandonemos la comodidad de nuestra infantilización, maduremos y alcemos nuestra voz contra la situación en la que nos encontramos.

 

 

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