
Diecisiete personas
Ha transcurrido ya un tiempo suficiente desde el 13 de junio, cuando se constituyó la Corporación Alcañizana. En ese momento y allí, nos encontramos, diecisiete elegidos, que la ciudadanía designó.
El primero de la fila, el sr. Alcalde, y el último, el que les habla. Y destaco este dato, porque en democracia el último siempre es el que cuenta con menor legitimidad. Nunca cuestionaré ese axioma. Por tanto mi crítica, o mejor, autocrítica, veámosla desde dicha perspectiva.
El último de la fila, jamás había sido consciente (salvo no pocas y honrosas excepciones en esos diecisiete compañeros de Corporación), del mediocre funcionamiento del segundo Ayuntamiento de nuestra provincia: uno se ha encontrado con improvisación, falta de planificación, toma de decisiones apresuradas; inminente peligro de pérdida de subvenciones públicas; autoritarismo; concejales no adversarios ente sí, sino enemigos políticos en toda regla; una absoluta y preocupante falta de transparencia en las actuaciones de la Alcaldía; contratos menores sin publicidad por doquier; un Presupuesto Municipal elaborado y votado desde las poltronas, y más aún, ejecuciones y no ejecuciones de Gasto de ese Presupuesto, practicadas bajo criterios de arbitrariedad y de interés partidista, y no desde la motivación razonada, en beneficio de la Ciudad; empleados públicos excelentes junto a puntuales excepciones que mejor me reservo la opinión.
Tras el trabajo de campo y la toma de datos y muestras, que ya se ha prolongado más de seis meses, el último de la fila cambia ya de estrategia; cumplirá con sus obligaciones de concejal de la oposición que le encomendó el electorado, si bien y pese a todo, nunca renunciará, a lo que para este concejal, constituye otro axioma de cualquier organismo público democrático que se precie: La cultura política del diálogo, de la negociación, del consenso, del pacto y del acuerdo. Si no alcanzamos esa meta, no habrán perdido la batalla, diecisiete personas, sino dieciséis mil y pico alcañizanas y alcañizanos.
