Opiniones

Jorge Abril

 

No tengo nada que decir Les reconozco que a diferencia de otras ocasiones, en donde o bien  la coyuntura local o por el contrario  los titulares de opinión de las trincheras políticas tan características de nuestro país acostumbran a bombardearnos con mensajes adoctrinantes que te obligan a tomar posición personal,  justo cuando escribo estas líneas a estas horas de la madrugada, no tengo grandes cosas que contarles.

Estas Navidades he tenido tiempo para todo y para nada. He disfrutado de la espontaneidad de mis hijos, uno esperando a un cabezudo verrugón con vara  venido de oriente y la otra provocándote para que la cojas en brazos, pero por el contrario  no he tenido tiempo material para preparar la clase que tengo que dar en la Universidad en breve, ni tampoco he podido bajar al huerto de casa  a poner a punto la bici. No me ha tocado la lotería ni de Navidad ni del niño  entre otras muchas cosas, porque no juego apenas, me he resfriado estos días, y he comprado los regalos pertinentes para familiares, el último día a última hora combinando el comercio local con el comercio chino.

La poca televisión que he visto en casa  ha inundado de pesimismo y de tristeza el salón de mi casa: El fragor de la crisis, la aburrida y anquilosada entrevista al Rey  que anuncia el estado de un país al borde del estado de coma, afortunadamente lo eclipsaba la aparición de Leo por el comedor emulando a un cabezudo con un pozal en la cabeza y una cuchara de cocina como vara.

Afortunadamente he tenido tiempo para navegar en el laberinto de los libros y recuperar la lectura pausada de varios  libros  de madrugada con la libertad de no tener agenda para la mañana del día siguiente.

Les recomiendo que lean el fantástico libro de Santiago Auserón el ritmo Perdido. Navegarán por la mente de un filósofo y detective de la música que aspira a conocer , mas que ser conocido. Nadie como el investiga las raíces negras en la música Española, pocos como Auserón retratan a la perfección un eterno  país en llamas que es España. A la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Fuentes le recomendaría sin duda este libro, quien sabe, quizás podría haber impedido  la detención del Rey  Baltasar Gamou Ding en Carabanchel y Cifuentes entienda que  la apuesta por  querer cumplir un sueño en otro país diferente al tuyo no tiene porque ser un delito.  También es un libro perfecto para Ángel Carromero, puede que gracias a esta lectura comience a amar el viaje espontáneo hacia el infinito sin necesidad de  tener recursos económicos y que progresivamente  abandone la eterna protección de niño de papa que le ofrece su partido en estos momentos. Puede que sean más felices que ahora.

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