Gilgamesh Vladimir Propp fue un profundo estudioso de los cuentos populares rusos, y gracias a los estudios que desarrolló sobre estos cuentos populares, pudo sistematizar un pequeño corpus de las secuencias y funciones que tiene que contener una historia con alto contenido mítico. Intentando abreviar el estudio de Propp, los cuentos y secuencias históricas con alto carácter mítico comienzan con algún daño, carencia o deseo por parte del personaje. Justo después al héroe se le pide que se vaya a alguna parte accediendo a ello. Un ser desconocido le somete a prueba, reaccionando a ella.
En el curso de esa experiencia ,el héroe recibe ayuda mágica que le permite interactuar y vencer a un adversario fuerte y poderoso. Una vez vencido al adversario el héroe emprende el viaje de regreso al lugar de origen, pero no tiene el reconocimiento que se le presupone, y tras diversas desavenencias, el héroe es reconocido como tal, se castiga al impostor, se casa y se convierte en rey.
Una de las leyendas más fantásticas del creciente fértil de la antigua mesopotamia es la leyenda sobre el rey Gilgamesh, alla por el tercer milenio antes de Jesucristo. La leyenda cuentan que Gilgamesh y su enemigo Enkidu tras ser enemigos pasan juntos una serie de vicisitudes y pruebas y comprenden que ante todo para poder avanzar en la vida tenemos que caminar juntos el uno con el otro para superar los obstáculos que te va dando el juego de la vida.
Las enseñanzas de Gilgamesh y la metodología que aprendemos de Vladimir Propp, intentando adaptarlas a la coyuntura actual, me inducen a pensar en que más que nunca necesitamos un héroe que nos guíe por el camino del desierto de esta crisis que nos asola. Este héroe tiene que venir de la mano de la política, porque queramos o no, es un instrumento necesario para cambiar el mundo. Este héroe tendrá que enfrentarse a un buen cúmulo de sinsabores y de rechazos, pero gracias a la ética y a la persistencia, podrá lograr su fin que es el fin último que tuvo Gilgamesh: Recordar y ayudar a su amigo Enkidu.
Hemos vivido una vida tremendamente prefabricada y previsible, en donde el dios dinero y el trono fácil nos ha llevado a renunciar al héroe y a la épica, como guía y como instrumento. Por desgracia no encuentro ningún héroe político que nos guíe en el necesario camino del desierto. No esperen que Rajoy, Rubalcaba, Lara o Diez nos abran el camino del futuro, sus vidas son demasiado previsibles, no comprenden el verdadero rostro del sufrimiento humano del día a día ni tienen el pasado épico necesario para ser un héroe colectivo. Espero equivocarme.
