
Cabo de Hornos
La civilización humana, desde sus tiempos más antiguos y remotos ha tenido siempre una intensa relación con los viajes y las exploraciones a otras tierras y mundos desconocidos. Puede que volcados por la necesidad, puede que movidos por el ansia de expansión, el afán por controlar los recursos o simplemente como fruto de la conquista, los movimientos entre continentes siempre han sido fluidos y constantes.
Si nos adentramos un poco en el estudio de la ciencia histórica, el Renacimiento es un periodo que significaría para Europa un momento de cambios en la concepción del mundo, y por tanto del espíritu viajero, pero reconozco que los viajes de exploración desarrollados durante el medievo me provocan cierta fascinación todavía a día de hoy.
En 1288 el franciscano Giovani de Montecorvino emprende un largo viaje hacia Oriente como embajador del papa Nicolas IV , y fue el primer occidental que llegó a China por el mar tras un largo y complejo viaje. El también franciscano Odorico de Pordenone en el siglo XIV recorría el imperio mongol no sin antes haber atravesado Asia desde el Mar Negro durante doce largos años. Nuestro vecino de Tanger Ibn Batutta se convirtió en un formidable viajero al recorrer trayectos tan dispares como India, Maldivas y China, y nos dejo su fantastico libro de memorias Rihla.
Estoy seguro que todos ellos, con objetivos dispares y diversos les unia el afán por conocer otras culturas y experimentar el riesgo y la epica en una sociedad medieval tremendamente sedentaria en muchos aspectos.
Ya en pleno siglo XXI nuestro presidente del gobierno Mariano Rajoy se ha servido de la mitica de la exploración para hacernos ver la luz al final del tunel al cruzar sus reformas con éxito el cabo de hornos. Hace diez años el otrora presidente del gobierno José María Aznar nos metia en una guerra de cruzada en Irak para erigirse en defensor del mundo occidental frente al terror moro. Intento ver riesgo, epìca y afán de exploración en ambos viajes, el del las reformas y el de la guerra santa, pero nunca los he encontrado. Nuestro actual presidente previene el riesgo convocando ruedas de prensa de plasma, tira los derechos sociales conseguidos por la proa con tal de salir airoso de esta tormenta, y no quiere fondear en ningún puerto africano para conocer sus realidades y necesidades y mira hacia otro lado no actuando contra los nuevos mercaderes de esclavos, las mafias que ayudan a cruzar el continente africano para cruzar Europa
Jose Maria Aznar, quiso armarse caballero en las islas Azores y envió a sus huestes al desierto para poder cumplir sus sueños imperiales. A diferencia de un guerrero tardomedieval ungido por el honor y la hidalgía, nunca pidió perdón y sus infantiles actos provocó el mayor atentado que ha tenido Europa en muchos años.
Me pregunto si el uno y el otro tendrían las agallas y la valentía suficiente para recorrerse a pie varios continentes, si sobrevivirían al hambre, a las guerras y a las fronteras impuestas. Algunos hombres anónimos lo consiguen y a pesar de todo logran superar la frontera impuesta por el hambre. A Rajoy con leer el Marca en el coche oficial le es suficiente, y Aznar es feliz siendo el referente espiritual del nuevo liberalismo: Control del sector público, adelgazamiento progresivo del sistema publico y social, doctrina del miedo, aumento de las desigualdades, y filantropia para dar de comer a los pobres. Toda una lección de épica.
