Opiniones

Jorge Abril

Lo diminuto

Suelo ir bastante a Madrid por motivos laborales y personales, y esta semana me tocó ir de nuevo para participar en una sesión de trabajo en el Ministerio de Agricultura  junto a otros territorios del Estado Español, y en dicha sesión me toco presentar a la Comarca del  Maestrazgo,  un macondo dentro del macondo que es la Provincia de Teruel. Al finalizar la sesión  recuerdo que un funcionario del Ministerio se me acercó y me comento : "Teruel, que territorio tan grande y tan pequeño a la vez, sois una gota de agua en este gran oceano de reivindicaciones". Casualmente, esa semana he recuperado algunas lecturas de Federico Garcia Lorca y el comentario de ese funcionario me ayudó a ensimirmasme mucho mas en la obra del poeta granadino y analizar mejor como percibo la ciudad de Alcañiz.

Lorca definía magistralmente Granada como la ciudad  amante de lo diminuto en una ciudad sin mar que  tiene como frontera y salida su puesto privilegiado hacia  las estrellas y no el mar como le pasa a Malaga y Sevilla. Mas allá de considerar lo diminutivo  como un defecto, el caracter granadino supo amoldarse a ese caracter y trabajar con el preciosismo, la perfección y lo doméstico, "un paraiso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos" como supo describir el poeta granadino Don Pedro Soto de Rojas.

Alcañiz tiene también la extraña capacidad de  haber combinado hasta hace poco   lo monumental y lo diminuto, el caracter mediterráneo y aventurero con  el amor por lo doméstico, pero a día de hoy  incurrimos en fuertes contradicciones. Conservamos uno de los conjuntos patrimoniales más monumentales de Aragón en el entorno de la plaza de España, pero no nos duelen prendas en reventar la piedra de la lonja con el sonido de la noche de Motorland con tal de competir con las mejores discotecas bakaladeras del levante. Conservamos nuestro diminutivo – er que nos lleva a una cultura de agua, de huerta , de rosas y de pequeños bancales  administrados por vetustas tajaderas de hierro, pero miramos para otro lado al convertir la vieja huerta en chalets pseudoilegales en donde antes habia un masico diminuto.

Todavia tocamos el tambor para nosotros recorriendo nuestro casco antiguo, mientras se derriba  nuestro más preciado patrimonio arqueológico en el barrio de Santiago por el bien de la ordenación urbana. Los Alcañizanos tenemos vocación por el paseo y la tertulia, pero queremos ir a tomar un café a la plaza de España y aparcar a ser posible en medio de la plaza, dando paso a una ciudad caótica y bulliciosa, como me confesaba una amiga que visitó la ciudad hace poco.

El impacto de la globalización ha ido mermando las capacidades de los pueblos de conservar su identidad mas propia y auténtica, pero por el contrario, esta globalización y ausencia de identidad local ha provocado una creciente atracción por lo rural, lo artesano y lo equilibrado.

Casi un siglo después Andalucia ha sabido conservar el sabor de lo diminuto personalizado en sus pueblos  villas y cortijos. En Alcañiz tenemos que convertir de nuevo lo diminuto en identidad, lo doméstico en paisaje abierto, y provocar  que las flores vuelvan a poblar los callizos para ofrecer jardines abiertos  para todos. Sólo así tendremos algo diferente que ofrecer al visitante mas allá de su visita reglamentaria al Parador y los pasadizos.

Compartir

Otros artículos de opinión

Image