
Otra vez la 10K
Algunos tenemos debilidades sentimentales. Una de las mías es ver correr a gente. En ocasiones me quedo hasta el final de una carrera sólo por aplaudir al último corredor que llega sin fuerzas y a veces con algún impedimento físico. Hace unos días en una carrera de Monroyo, una niña con problemas físicos me encogió el corazón cuando realizaba toda la prueba a mucha distancia del resto de corredoras.
Ayer se volvió a disputar la 10 K de Alcañiz. Y me emociona ver el trabajo de la gente que lo prepara, que ensobra los dorsales, que monta las pancartas, que prepara los bocadillos,... y me emocionó un conocido, que creo que a partir de ahora contaré entre mis amigos cuando me dijo que no estaba muy animado para correr ¿por qué? la semana que viene comienza un tratamiento de quimioterapia. Pensé en él una parte de la carrera.
Me emocionó ver a amigos a los que voy viendo en las carreras. Cada uno me iba contando sus avances o sus ilusiones. Y me emocionó el público que llenaba la avenida para aplaudir y animar a gente que lo único que hace es correr, como cobardes dicen algunos, como valientes digo yo. Y animaban a corredores que llegaban media hora después de los campeones.
Me emocionó Alejandro, hijo de unos amigos, que decía que yo era su tío porque le había entrenado un día. Y me emocionó verlo correr dentro de la marabunta de corredores solidarios.
Y me emocionó ver a mi padre, al que no le había dicho que corría para que no saliera de casa, pero que a sus 87 años vino a verme a la salida y una hora después seguía esperando a que llegara a la meta.
Muchas emociones gracias a una modesta pero enorme carrera. Si correr es de cobardes ¡qué será la valentía!
