
Yo estaba en Boston
Quien busque morbo que deje de leer porque yo no estaba físicamente en Boston. Pero yo estaba en Boston y me han saltado las lágrimas al ver las imágenes del atentado.
Mi amigo Robert sí estaba físicamente, maratoniano que está lesionado y no ha podido participar en la prueba. Para él el mejor maratón es el de Boston. Robert estaba acompañando a su hijo que sí que participó en el maratón y lo acabó antes del atentado. No han sufrido ningún daño.
Me han saltado las lágrimas porque me he visto identificado con las ilusiones, los preparativos, los deseos de superación, la participación en un reto a la vez colectivo e individual.
Por eso yo estaba en Boston con cada uno de los corredores. Y me he vuelto a emocionar pensando en ese público que después de que hace dos horas que han pasado los mejores, sigue esperando para jalear a los del montón, a los que no van a ganar, o mejor, los que van a ganar la gloria de acabar un maratón.
He recordado esos instantes en los que en los maratones que he corrido, llegando a la meta con la bandera española desplegada, sin fuerzas, pero sonriendo, llevado por los gritos de ánimo de desconocidos que vitoreaban España, te decían alguna frase en español o te hacían gestos señalándote que la hazaña estaba llegando a su fin.
Entre la gente que animaba sin cesar siempre había niños que esperaban la llegada de su padre para fundirse con él en un abrazo o para recorrer de su mano los últimos metros de la carrera.
Uno de esos niños ha muerto sin poder llegar a abrazar a su padre. Era uno de esos niños que tendían su mano a todos los corredores para que golpeases la tuya con la suya en señal de amistad deportiva.
Se me han muerto tres amigos. Me han asesinado a tres amigos.
A pesar de lo que me duele, a los asesinos no les deseo la muerte. Si los condenan a la pena capital, yo también lucharé por su vida.
