Opiniones

José Alberto Pellicer

En memoria de José María Pascual

Conocí a José María Pascual siendo yo un niño de doce años. Él creo que acababa de llegar de Madrid. Una de las primeras actividades que llevó a cabo fue la promoción del atletismo. Y ese fue el momento en el que coincidimos. Yo no había corrido nunca, pero él me dijo aquello de que tú vales. Bajo su tutela comencé a dar mis primeros pasos en las pistas de atletismo. Eran tiempos en los que el mejor chándal era un jersey de cuello alto. Con él fui a correr en un taxi histórico: el conductor era Rufino Foz, el entrenador José María Pascual y los dos atletas Alfredo Boné y quien esto escribe. Hubo muchos viajes de todo tipo. Fue la experiencia de decenas de chavales que encontramos en el deporte, nada que ver con el actual, una sana actividad. En mi caso una filosofía de vida. Por eso siempre le he estado agradecido.

Muchos de mi generación vivimos gracias a José María Pascual un momento relevante de nuestra vida. Cuando fuimos a participar a Aviñón en los Segundos Juegos Europeos de la Juventud. De eso hace más de cuarenta años y todavía somos muchos los que de vez en cuando recordamos aquellas vivencias. La primera vez que salíamos de España, la mayoría.

Además del deporte escuchamos sus “sabias” palabras diciéndonos que no fuéramos al cine (se proyectaba “El último tango en París”). Fuimos todos. Entramos con las luces apagadas, por si alguien nos veía. No contamos con salir antes de que las encendieran y allí estábamos los “prohibidores” y nosotros. Todos coincidimos. Todos fuimos cómplices y todos callamos con una risa muda.

Casi todo lo que he disfrutado con el deporte se lo debo a él. Hace unos años, cuando corrí mi primer maratón, me lo encontré en la calle, hacía mucho tiempo que no lo veía. Fui corriendo hacia él para hacerle partícipe de mi satisfacción.

Sabía que le haría feliz porque era también fruto de aquella semilla que sembró en mí. Pero se me quedó mirando como si no acabara de encontrar la relación entre lo que le decía y nosotros dos. Me quedé decepcionado. Poco después me dijeron que estaba en el amparo y que andaba con la memoria perdida unas veces, distraída otras.

Ideológicamente nunca coincidimos, pero sí en la política. Él era alcalde del franquismo y yo un joven rebelde antifranquista. Me pudo haber encerrado con las leyes de entonces, pero sólo se limitó a enviar a Armando Galán, Jefe de la Policía, a vigilarme a cierta distancia. También hablamos. Era un eterno dialogante. Sabía que con las palabras, las buenas palabras se podía llegar a buen fin. Siempre supo estar al lado de quien necesitaba su ayuda. Como muestra, unas palabras que me dijo Marisol Navarro, que fuera alcaldesa de Alcañiz. Cuando perdió la alcaldía, no encontró apoyo en nadie de su partido, sólo José María Pascual estuvo a su lado.

Y aunque, insisto, ideológicamente nunca coincidimos aprendí de sus modales.

Como la gente sólo muere cuando es olvidada, José María Pascual siempre estará vivo mientras yo viva. Aprendí de él y de otra gente que hay que ser agradecido.

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