Opiniones

José Alberto Pellicer

En mi molesta opinión: Mi cama está comenzando a crujir

Como el que suscribe ha vivido una parte de su vida bajo el imperio del nacionalcatolicismo, de niño, acostumbraba a recitar las pláticas que le enseñaban los escolapios. Así cada noche antes de cerrar los ojos decía: con dios me acuesto, con la virgen María y con todos los santos. Eso garantizaba un buen sueño. Pero una noche mi cama crujió. Alguien de mi familia me dijo que era normal si me acostaba con tanta gente. Desde entonces me acostumbré a acostarme solo o a seleccionar muy bien mis compañías.

Ahora diariamente me acuesto con la Ariadna Gil, con Cayetana Guillén Cuervo, con el Banderas y el Julio Iglesias, con unos cuantos mineros, con Mesi y Ronaldo, con los pescadores del Cantábrico y los del Mediterráneo, con los agricultores, con los prejubilados de Ibercaja y del banco Central, con los dirigentes, enchufados y adláteres de los partidos políticos, con Cándido Méndez y  Fernández Toxo, con Rajoy, Rubalcaba, la Cospedal, las Santamarías del PP y del PSOE  y Cayo Lara, con los ganaderos y los lecheros, con un montón de presos comunes y de eta, con liberados sindicales, con los de la patronal (que no sé cómo se llaman y siempre necesitan mucho sitio), con los diecisiete concejales del ayuntamiento de Alcañiz, y alguno más, con Yolanda Vallés y Miguel Navarro, con otros actores, que a pesar de que se acuestan conmigo no los conozco ni de vista, con directores de cine de los que no veo sus películas, con atletas que corren más que yo, con los dueños de la General Motors, de la Seat, la Renault, la Citroën y alguno más, con alguno de Motorland al que no le miro a la cara, con los dueños de hospederías que no reciben huéspedes, con el mismísimo Rouco Varela, que es un obispo importante, con otros curas que son pedófilos, otros que son progres y otros que no dan más que hostias a diestro y siniestro. Varias y diversas gentes de oenegés también se meten diariamente en mi cama junto al Aznar y el Felipe González con sus fundaciones. El propio Rey se mete no falta a la cita nocturna de mi cama, junto a toda su parentela. Y están esperando meterse aspirantes a presidentes republicanos.

Algunos me tendrán envidia (por lo de Ariadna o el Banderas) otros pensarán que tengo una cama enorme.

Mi cama está comenzando a crujir. Porque todos los anteriores y muchos más están subvencionados y se acuestan conmigo, sin m¡ permiso, para cobijarse en mi calor. Antes les doy de cenar, un poco de antes, de merendar, eso sí, después de haber comido bien. A algunos les pago el café, copa y puro. Casi todos almuerzan y ninguno perdona el desayuno.

Mi cama está comenzando a crujir.

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