
La 10 K del pasado domingo
De los 440 participantes, sólo una docena aspiraban a los primeros puestos. Todos los demás salimos a correr, a echar el resto, a exprimirnos sabiendo que hasta Capuchín, que entró en último lugar, íbamos a ser vencedores. Y fuimos vencedores. Como premios nos quitaron nuestro peso en sudor, brincamos de alegría cuando mejoramos un segundo nuestro mejor tiempo, porque somos nuestros propios rivales.
En un partido de fútbol todos salen a ganar y la mitad pierde. El atletismo tiene la gran virtud de que casi nadie sale a ganar y todos vencen.
Otros vencedores, ni siquiera pasan por meta. Son los lizanas, vivancos, morós y tantos otros que disfrutan corriendo y el día de la fiesta del corredor en Alcañiz se quedan trabajando, organizando, dirigiendo, recogiendo, montando,… para que otros disfrutemos. Enormes vencedores.
La cajera en el supermercado me dice ¿ya has descansado? No ha faltado ningún año a la cita con la 10 K ¿Corriste? Le pregunto. No, no falto ningún año como espectadora. A los dos, en el mismo instante nos corre un escalofrío que nos pone el vello de punta. Y casi a punto de saltársele las lágrimas me habla de su admiración por las carreras pedestres.
La clienta que detrás iba depositando su compra nos evitó un lloro mutuo, emocionado y cómplice. Luego he recordado a “La Cabra Mecánica” “Tú que te mereces un príncipe un dentista, tú te quedas a nuestro lado y el mundo nos parece más amable, más humano, menos raro”. Gracias. Es otra vencedora, como los cientos de personas que nos animaron.
Nadie perdió. Bueno sí, los cenizos. Pero esos, si salen, salen derrotados de casa.
