Opiniones

José Alberto Pellicer

Miedo al dictador Estoy comenzando a sentir miedo porque nuevamente aparezca un dictador salvapatrias. Y estoy comenzando a sentirlo porque un dictador necesita un caldo de cultivo de gente dispuesta a apoyarlo. Y ese caldo de cultivo se está dando.

Tengo miedo a ver las orejas de un Hitler o un Stalin o un Franco o un Lenin o un Mussolini  o un Mao en el horizonte.  Seguramente con otro aspecto, pues la estética de los tiempos cambia.

Sin lugar a dudas existe el descontento. Descontento justificado. Los preparadores del advenimiento del dictador lo saben utilizar. Se disfrazan de lo más demócratas (Hitler llegó al poder democráticamente). Recogen firmas, convocan a manifestaciones aprovechando el descontento, la confusión. Gente de buena voluntad firma, acude a manifestaciones sin saber lo que hace. Es tal el descontento que piensa que a algo mejor conducirán las protestas. No tiene por qué. Lo lamentable es que deja de actuar por sí mismo para delegar en aquellos que parece que tienen muy claro por qué hay que protestar y cómo. En ese instante comienza a nacer el caudillo, el dictador.

Y se visten de demócratas aún cuando en los estatutos de los partidos a los que representan defienden la dictadura, aunque su comportamiento es autoritario y poco transparente, aunque hablan de pacifismo y tienen como ejemplo a los hermanos Castro (dictadores militares de Cuba) o al impresentable Chávez de Venezuela (con su uniforme militar y su censura).

Tengo miedo, porque la historia se repite una y otra vez. En Europa cada vez hay más votantes de partidos que abiertamente defienden dictaduras y cada vez hay más demócratas disfrazados que están pescando entre los que están hartos.

Son momentos estos en los que mucha gente está dispuesta a seguir a quien cambie lo que sea y hacia donde sea porque no quieren esto. La semana pasada escuché a una supuesta demócrata (viendo las imágenes del 23 F en el programa de televisión "Cuéntame"), que no les iría mal un susto así a estos (estos políticos). Les iría mal a ellos y a nosotros.


Son momentos peligrosos, de mucho peligro. Mientras, la clase política mirando para otro lado, (Suiza o las Islas Caimán por ejemplo).

Este miedo no se va a plasmar mañana. Pero el caldo se está comenzando a cocer.  ¡Cómo deseo equivocarme!

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